25N, contra la violencia de género

A lo largo del año FSC-CCOO lucha por prevenir la violencia contra las mujeres, sin embargo, hay fechas especiales como la del 25 de noviembre en la que los esfuerzos se duplican. En este caso, la fecha viene precedida de una agudización del machismo, pero también de una fuerte reacción feminista.

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La apertura parcial de dos nuevos centros penitenciarios, Ceuta y Archidona, dentro del Plan de Amortización de centros, ha agravado notablemente la situación de falta de personal que padecen endémicamente las prisiones españolas. Desde el inicio de la crisis hay numerosas infraestructuras finalizadas y/o en construcción, sin dotación suficiente de personal para ellas.

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Se eligió como vicepresidente del Comité a José Antonio Herráez, actual secretario general de la Sección Sindical Estatal de Iberia-CCOO.

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El sindicato exige que se abra un espacio de negociación concreto, claro y con compromisos, para poder avanzar en la recuperación de los derechos arrebatados a tres millones de empleadas y empleados públicos.

Valorarán llevar a cabo movilizaciones los días 17, 18 y 19 de diciembre, coincidiendo con las jornadas de voto en urna que, como parte del proceso electoral al Parlament de Catalunya, se desarrollarán en las diferentes representaciones y consulados en el exterior.

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Desde el 25 de noviembre, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, hasta el 10 de diciembre, Día de los Derechos Humanos, los 16 Días de Activismo contra la Violencia de Género son un momento para unir esfuerzos y adelantar acciones que contribuyan a terminar el flagelo que representa la violencia contra las mujeres y las niñas alrededor del mundo.

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La Administración concursal ha iniciado la primera fase de despidos, previstos para diciembre, que finalmente afectará a 469 trabajadores, el 21% de la plantilla. CCOO muestra su rechazo y recuerda que la compra por parte de Correos o de otro operador es posible y viable y ha vuelto demandar la implicación del Gobierno para evitar un cierre que afectaría a más de 2.000 personas.

Más noticias

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La revolución digital en la que estamos inmersos está cambiando de una manera definitiva las relaciones de producción y, por ende, está afectando a los métodos de trabajo de las fuerzas productivas. Este proceso de cambio está aflorando nuevos riesgos emergentes para la salud laboral que requieren nuevos enfoques en la acción sindical.

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La revolución digital en la que estamos inmersos está cambiando de una manera definitiva las relaciones de producción y, por ende, está afectando a los métodos de trabajo de las fuerzas productivas. Este proceso de cambio está aflorando nuevos riesgos emergentes para la salud laboral que requieren nuevos enfoques en la acción sindical.

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La revolución digital en la que estamos inmersos está cambiando de una manera definitiva las relaciones de producción y, por ende, está afectando a los métodos de trabajo de las fuerzas productivas. Este proceso de cambio está aflorando nuevos riesgos emergentes para la salud laboral que requieren nuevos enfoques en la acción sindical.

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La revolución digital en la que estamos inmersos está cambiando de una manera definitiva las relaciones de producción y, por ende, está afectando a los métodos de trabajo de las fuerzas productivas. Este proceso de cambio está aflorando nuevos riesgos emergentes para la salud laboral que requieren nuevos enfoques en la acción sindical.

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La revolución digital en la que estamos inmersos está cambiando de una manera definitiva las relaciones de producción y, por ende, está afectando a los métodos de trabajo de las fuerzas productivas. Este proceso de cambio está aflorando nuevos riesgos emergentes para la salud laboral que requieren nuevos enfoques en la acción sindical.

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La revolución digital en la que estamos inmersos está cambiando de una manera definitiva las relaciones de producción y, por ende, está afectando a los métodos de trabajo de las fuerzas productivas. Este proceso de cambio está aflorando nuevos riesgos emergentes para la salud laboral que requieren nuevos enfoques en la acción sindical.

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La revolución digital en la que estamos inmersos está cambiando de una manera definitiva las relaciones de producción y, por ende, está afectando a los métodos de trabajo de las fuerzas productivas. Este proceso de cambio está aflorando nuevos riesgos emergentes para la salud laboral que requieren nuevos enfoques en la acción sindical.

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La revolución digital en la que estamos inmersos está cambiando de una manera definitiva las relaciones de producción y, por ende, está afectando a los métodos de trabajo de las fuerzas productivas. Este proceso de cambio está aflorando nuevos riesgos emergentes para la salud laboral que requieren nuevos enfoques en la acción sindical.

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La revolución digital en la que estamos inmersos está cambiando de una manera definitiva las relaciones de producción y, por ende, está afectando a los métodos de trabajo de las fuerzas productivas. Este proceso de cambio está aflorando nuevos riesgos emergentes para la salud laboral que requieren nuevos enfoques en la acción sindical.

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La revolución digital en la que estamos inmersos está cambiando de una manera definitiva las relaciones de producción y, por ende, está afectando a los métodos de trabajo de las fuerzas productivas. Este proceso de cambio está aflorando nuevos riesgos emergentes para la salud laboral que requieren nuevos enfoques en la acción sindical.

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La revolución digital en la que estamos inmersos está cambiando de una manera definitiva las relaciones de producción y, por ende, está afectando a los métodos de trabajo de las fuerzas productivas. Este proceso de cambio está aflorando nuevos riesgos emergentes para la salud laboral que requieren nuevos enfoques en la acción sindical.

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La revolución digital en la que estamos inmersos está cambiando de una manera definitiva las relaciones de producción y, por ende, está afectando a los métodos de trabajo de las fuerzas productivas. Este proceso de cambio está aflorando nuevos riesgos emergentes para la salud laboral que requieren nuevos enfoques en la acción sindical.

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La revolución digital en la que estamos inmersos está cambiando de una manera definitiva las relaciones de producción y, por ende, está afectando a los métodos de trabajo de las fuerzas productivas. Este proceso de cambio está aflorando nuevos riesgos emergentes para la salud laboral que requieren nuevos enfoques en la acción sindical.

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La revolución digital en la que estamos inmersos está cambiando de una manera definitiva las relaciones de producción y, por ende, está afectando a los métodos de trabajo de las fuerzas productivas. Este proceso de cambio está aflorando nuevos riesgos emergentes para la salud laboral que requieren nuevos enfoques en la acción sindical.

Opinión

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La revolución digital en la que estamos inmersos está cambiando de una manera definitiva las relaciones de producción y, por ende, está afectando a los métodos de trabajo de las fuerzas productivas. Este proceso de cambio está aflorando nuevos riesgos emergentes para la salud laboral que requieren nuevos enfoques en la acción sindical.

Repensar el sindicato

#ReclamacionTemporales

#ReclamacionTemporales

Documentos

17.07.2017
Autor: La desconexión digital debe formar parte de nuestras agendas de negociación colectiva por sus implicaciones claras sobre la salud laboral

El móvil como riesgo emergente y el derecho a la desconexión

Los dispositivos móviles han pasado de ser instrumentos de comunicación a convertirse en pequeñas computadoras que a través de la comunicación en red afectan a la organización del trabajo.

Desde una perspectiva meramente de salud laboral, nos encontramos con riesgos físicos y psíquicos para la salud que requieren un enfoque preventivo, el cual debe abordar la utilización del móvil desde distintas ópticas.

Por un lado, se están detectando nuevos riesgos relacionados con el uso y abuso de las tecnologías. El considerable aumento de la fatiga visual por el uso continuado de la visión cercana hace que se pueda producir entre los adolescentes y jóvenes un aumento exagerado de la miopía. Según el Colegio Nacional de Ópticos-Optometristas (CNOO), se prevé que en el año 2020 el 33% de las y los adolescentes tendrán miopía como consecuencia de la utilización inadecuada de los móviles y tabletas.

También se encuentran los daños en la retina ocasionados por la iluminación led, o las patologías en dedos, muñeca y cuellos que también están comenzando a surgir, por no hablar de la exposición a transmisión de multitud de bacterias.

El clima de trabajo también se ve afectado por el aumento de los timbres, notificaciones y conversaciones, que molestan o impiden la concentración. Los paseos por los pasillos, móvil en mano, manteniendo largas conversaciones son cada vez más cotidianos.

Por otro lado, están surgiendo transformaciones en la organización del trabajo que requieren un enfoque desde la perspectiva de la salud laboral. La asociación del trabajo con una localización particular ya no es la única realidad en el mundo del trabajo, y surgen los trabajos móviles. Ello no tiene que ver con el teletrabajo, sino con el hecho de que se puede realizar el trabajo en cualquier momento o lugar con todo lo que ello conlleva.

Fruto de esta modificación de la organización del trabajo está surgiendo el tecnoestrés, que es uno de los riesgos emergentes más presentes. Estamos asistiendo al aumento de los casos de adicción y dependencia del móvil y se están acuñando nuevos términos como el de nomofobia (o ansiedad y estrés por no tener batería en el móvil) o whatsappitis (tendinitis en muñeca y dedo pulgar causada por el uso excesivo del servicio de mensajería) en referencia al uso excesivo de las tecnologías.

El tecnoestrés es un hecho cada vez más relevante. Existe un porcentaje elevado de trabajadoras y trabajadores que dicen estar quemados por estar pendientes continuamente del móvil. Andar y mirar al móvil aumenta indudablemente la probabilidad de sufrir un accidente y, entre ellos, el accidente de tráfico. Tenemos colectivos concretos como el de la conducción con trabajos “just in time”, que se ven sometidos a la presión constante del teléfono, al igual que motoristas de la mensajería a la espera de constantes llamadas, etc.

Además numerosas empresas “tiran” más de la cuenta de los móviles particulares de sus plantillas. Las llamadas por parte de las empresas a los teléfonos móviles personales están en crecimiento y ya existen casos de trabajadoras y trabajadores bajo la falsa obligación de mantener siempre el móvil encendido con amenaza de despido. Nos hemos habituado a tener el móvil en la mano y recibir mensajes constantes para los que frecuentemente exigimos una respuesta inmediata, pues nos hemos acostumbrado a lo instantáneo. La entrada de mensajes a cualquier hora nos devuelve inexorablemente a la oficina, diluyendo esta separación entre descanso y trabajo. Estar localizable en todo momento impide la necesaria desconexión entre trabajo y ocio y afecta a la salud laboral y a la conciliación de la vida familiar.

La desconexión digital debe formar parte de nuestras agendas de negociación colectiva por sus implicaciones claras sobre la salud laboral. La revolución digital ha añadido algunas variables al mundo del trabajo y, entre ellas, que una parte importante del trabajo se desempeñe fuera de un lugar físico concreto, lo que requiere que seamos capaces de abordar esa nueva realidad productiva. Nos encontramos con una nueva organización del trabajo que tiene consecuencias sobre la salud laboral y tenemos que poder abordarlo.

Debemos impulsar en los convenios colectivos fórmulas y cláusulas de desconexión digital que vayan mucho más allá de los meros pluses de disponibilidad y que posibiliten una separación del trabajo y el ocio de tal manera que las trabajadoras y trabajadores pueden desconectar del trabajo.

En el ámbito internacional tenemos el ejemplo de Francia, donde ya se ha regulado, si bien es cierto que deja a las empresas las riendas de ese control. En Alemania, la empresa Volkswagen directamente bloquea el acceso al correo en el móvil entre las 18:15 y las 7:00 del día siguiente.

La revolución digital y sus consecuencias sobre el mundo del trabajo nos están generando retos muy diversos a las organizaciones sindicales, y la perspectiva de seguridad y salud laboral debe ser incluida dentro de estos desafíos.

 

17.07.2017
Autor: La desconexión digital debe formar parte de nuestras agendas de negociación colectiva por sus implicaciones claras sobre la salud laboral

El móvil como riesgo emergente y el derecho a la desconexión

Los dispositivos móviles han pasado de ser instrumentos de comunicación a convertirse en pequeñas computadoras que a través de la comunicación en red afectan a la organización del trabajo.

Desde una perspectiva meramente de salud laboral, nos encontramos con riesgos físicos y psíquicos para la salud que requieren un enfoque preventivo, el cual debe abordar la utilización del móvil desde distintas ópticas.

Por un lado, se están detectando nuevos riesgos relacionados con el uso y abuso de las tecnologías. El considerable aumento de la fatiga visual por el uso continuado de la visión cercana hace que se pueda producir entre los adolescentes y jóvenes un aumento exagerado de la miopía. Según el Colegio Nacional de Ópticos-Optometristas (CNOO), se prevé que en el año 2020 el 33% de las y los adolescentes tendrán miopía como consecuencia de la utilización inadecuada de los móviles y tabletas.

También se encuentran los daños en la retina ocasionados por la iluminación led, o las patologías en dedos, muñeca y cuellos que también están comenzando a surgir, por no hablar de la exposición a transmisión de multitud de bacterias.

El clima de trabajo también se ve afectado por el aumento de los timbres, notificaciones y conversaciones, que molestan o impiden la concentración. Los paseos por los pasillos, móvil en mano, manteniendo largas conversaciones son cada vez más cotidianos.

Por otro lado, están surgiendo transformaciones en la organización del trabajo que requieren un enfoque desde la perspectiva de la salud laboral. La asociación del trabajo con una localización particular ya no es la única realidad en el mundo del trabajo, y surgen los trabajos móviles. Ello no tiene que ver con el teletrabajo, sino con el hecho de que se puede realizar el trabajo en cualquier momento o lugar con todo lo que ello conlleva.

Fruto de esta modificación de la organización del trabajo está surgiendo el tecnoestrés, que es uno de los riesgos emergentes más presentes. Estamos asistiendo al aumento de los casos de adicción y dependencia del móvil y se están acuñando nuevos términos como el de nomofobia (o ansiedad y estrés por no tener batería en el móvil) o whatsappitis (tendinitis en muñeca y dedo pulgar causada por el uso excesivo del servicio de mensajería) en referencia al uso excesivo de las tecnologías.

El tecnoestrés es un hecho cada vez más relevante. Existe un porcentaje elevado de trabajadoras y trabajadores que dicen estar quemados por estar pendientes continuamente del móvil. Andar y mirar al móvil aumenta indudablemente la probabilidad de sufrir un accidente y, entre ellos, el accidente de tráfico. Tenemos colectivos concretos como el de la conducción con trabajos “just in time”, que se ven sometidos a la presión constante del teléfono, al igual que motoristas de la mensajería a la espera de constantes llamadas, etc.

Además numerosas empresas “tiran” más de la cuenta de los móviles particulares de sus plantillas. Las llamadas por parte de las empresas a los teléfonos móviles personales están en crecimiento y ya existen casos de trabajadoras y trabajadores bajo la falsa obligación de mantener siempre el móvil encendido con amenaza de despido. Nos hemos habituado a tener el móvil en la mano y recibir mensajes constantes para los que frecuentemente exigimos una respuesta inmediata, pues nos hemos acostumbrado a lo instantáneo. La entrada de mensajes a cualquier hora nos devuelve inexorablemente a la oficina, diluyendo esta separación entre descanso y trabajo. Estar localizable en todo momento impide la necesaria desconexión entre trabajo y ocio y afecta a la salud laboral y a la conciliación de la vida familiar.

La desconexión digital debe formar parte de nuestras agendas de negociación colectiva por sus implicaciones claras sobre la salud laboral. La revolución digital ha añadido algunas variables al mundo del trabajo y, entre ellas, que una parte importante del trabajo se desempeñe fuera de un lugar físico concreto, lo que requiere que seamos capaces de abordar esa nueva realidad productiva. Nos encontramos con una nueva organización del trabajo que tiene consecuencias sobre la salud laboral y tenemos que poder abordarlo.

Debemos impulsar en los convenios colectivos fórmulas y cláusulas de desconexión digital que vayan mucho más allá de los meros pluses de disponibilidad y que posibiliten una separación del trabajo y el ocio de tal manera que las trabajadoras y trabajadores pueden desconectar del trabajo.

En el ámbito internacional tenemos el ejemplo de Francia, donde ya se ha regulado, si bien es cierto que deja a las empresas las riendas de ese control. En Alemania, la empresa Volkswagen directamente bloquea el acceso al correo en el móvil entre las 18:15 y las 7:00 del día siguiente.

La revolución digital y sus consecuencias sobre el mundo del trabajo nos están generando retos muy diversos a las organizaciones sindicales, y la perspectiva de seguridad y salud laboral debe ser incluida dentro de estos desafíos.

 

17.07.2017
Autor: La desconexión digital debe formar parte de nuestras agendas de negociación colectiva por sus implicaciones claras sobre la salud laboral

El móvil como riesgo emergente y el derecho a la desconexión

Los dispositivos móviles han pasado de ser instrumentos de comunicación a convertirse en pequeñas computadoras que a través de la comunicación en red afectan a la organización del trabajo.

Desde una perspectiva meramente de salud laboral, nos encontramos con riesgos físicos y psíquicos para la salud que requieren un enfoque preventivo, el cual debe abordar la utilización del móvil desde distintas ópticas.

Por un lado, se están detectando nuevos riesgos relacionados con el uso y abuso de las tecnologías. El considerable aumento de la fatiga visual por el uso continuado de la visión cercana hace que se pueda producir entre los adolescentes y jóvenes un aumento exagerado de la miopía. Según el Colegio Nacional de Ópticos-Optometristas (CNOO), se prevé que en el año 2020 el 33% de las y los adolescentes tendrán miopía como consecuencia de la utilización inadecuada de los móviles y tabletas.

También se encuentran los daños en la retina ocasionados por la iluminación led, o las patologías en dedos, muñeca y cuellos que también están comenzando a surgir, por no hablar de la exposición a transmisión de multitud de bacterias.

El clima de trabajo también se ve afectado por el aumento de los timbres, notificaciones y conversaciones, que molestan o impiden la concentración. Los paseos por los pasillos, móvil en mano, manteniendo largas conversaciones son cada vez más cotidianos.

Por otro lado, están surgiendo transformaciones en la organización del trabajo que requieren un enfoque desde la perspectiva de la salud laboral. La asociación del trabajo con una localización particular ya no es la única realidad en el mundo del trabajo, y surgen los trabajos móviles. Ello no tiene que ver con el teletrabajo, sino con el hecho de que se puede realizar el trabajo en cualquier momento o lugar con todo lo que ello conlleva.

Fruto de esta modificación de la organización del trabajo está surgiendo el tecnoestrés, que es uno de los riesgos emergentes más presentes. Estamos asistiendo al aumento de los casos de adicción y dependencia del móvil y se están acuñando nuevos términos como el de nomofobia (o ansiedad y estrés por no tener batería en el móvil) o whatsappitis (tendinitis en muñeca y dedo pulgar causada por el uso excesivo del servicio de mensajería) en referencia al uso excesivo de las tecnologías.

El tecnoestrés es un hecho cada vez más relevante. Existe un porcentaje elevado de trabajadoras y trabajadores que dicen estar quemados por estar pendientes continuamente del móvil. Andar y mirar al móvil aumenta indudablemente la probabilidad de sufrir un accidente y, entre ellos, el accidente de tráfico. Tenemos colectivos concretos como el de la conducción con trabajos “just in time”, que se ven sometidos a la presión constante del teléfono, al igual que motoristas de la mensajería a la espera de constantes llamadas, etc.

Además numerosas empresas “tiran” más de la cuenta de los móviles particulares de sus plantillas. Las llamadas por parte de las empresas a los teléfonos móviles personales están en crecimiento y ya existen casos de trabajadoras y trabajadores bajo la falsa obligación de mantener siempre el móvil encendido con amenaza de despido. Nos hemos habituado a tener el móvil en la mano y recibir mensajes constantes para los que frecuentemente exigimos una respuesta inmediata, pues nos hemos acostumbrado a lo instantáneo. La entrada de mensajes a cualquier hora nos devuelve inexorablemente a la oficina, diluyendo esta separación entre descanso y trabajo. Estar localizable en todo momento impide la necesaria desconexión entre trabajo y ocio y afecta a la salud laboral y a la conciliación de la vida familiar.

La desconexión digital debe formar parte de nuestras agendas de negociación colectiva por sus implicaciones claras sobre la salud laboral. La revolución digital ha añadido algunas variables al mundo del trabajo y, entre ellas, que una parte importante del trabajo se desempeñe fuera de un lugar físico concreto, lo que requiere que seamos capaces de abordar esa nueva realidad productiva. Nos encontramos con una nueva organización del trabajo que tiene consecuencias sobre la salud laboral y tenemos que poder abordarlo.

Debemos impulsar en los convenios colectivos fórmulas y cláusulas de desconexión digital que vayan mucho más allá de los meros pluses de disponibilidad y que posibiliten una separación del trabajo y el ocio de tal manera que las trabajadoras y trabajadores pueden desconectar del trabajo.

En el ámbito internacional tenemos el ejemplo de Francia, donde ya se ha regulado, si bien es cierto que deja a las empresas las riendas de ese control. En Alemania, la empresa Volkswagen directamente bloquea el acceso al correo en el móvil entre las 18:15 y las 7:00 del día siguiente.

La revolución digital y sus consecuencias sobre el mundo del trabajo nos están generando retos muy diversos a las organizaciones sindicales, y la perspectiva de seguridad y salud laboral debe ser incluida dentro de estos desafíos.

 

17.07.2017
Autor: La desconexión digital debe formar parte de nuestras agendas de negociación colectiva por sus implicaciones claras sobre la salud laboral

El móvil como riesgo emergente y el derecho a la desconexión

Los dispositivos móviles han pasado de ser instrumentos de comunicación a convertirse en pequeñas computadoras que a través de la comunicación en red afectan a la organización del trabajo.

Desde una perspectiva meramente de salud laboral, nos encontramos con riesgos físicos y psíquicos para la salud que requieren un enfoque preventivo, el cual debe abordar la utilización del móvil desde distintas ópticas.

Por un lado, se están detectando nuevos riesgos relacionados con el uso y abuso de las tecnologías. El considerable aumento de la fatiga visual por el uso continuado de la visión cercana hace que se pueda producir entre los adolescentes y jóvenes un aumento exagerado de la miopía. Según el Colegio Nacional de Ópticos-Optometristas (CNOO), se prevé que en el año 2020 el 33% de las y los adolescentes tendrán miopía como consecuencia de la utilización inadecuada de los móviles y tabletas.

También se encuentran los daños en la retina ocasionados por la iluminación led, o las patologías en dedos, muñeca y cuellos que también están comenzando a surgir, por no hablar de la exposición a transmisión de multitud de bacterias.

El clima de trabajo también se ve afectado por el aumento de los timbres, notificaciones y conversaciones, que molestan o impiden la concentración. Los paseos por los pasillos, móvil en mano, manteniendo largas conversaciones son cada vez más cotidianos.

Por otro lado, están surgiendo transformaciones en la organización del trabajo que requieren un enfoque desde la perspectiva de la salud laboral. La asociación del trabajo con una localización particular ya no es la única realidad en el mundo del trabajo, y surgen los trabajos móviles. Ello no tiene que ver con el teletrabajo, sino con el hecho de que se puede realizar el trabajo en cualquier momento o lugar con todo lo que ello conlleva.

Fruto de esta modificación de la organización del trabajo está surgiendo el tecnoestrés, que es uno de los riesgos emergentes más presentes. Estamos asistiendo al aumento de los casos de adicción y dependencia del móvil y se están acuñando nuevos términos como el de nomofobia (o ansiedad y estrés por no tener batería en el móvil) o whatsappitis (tendinitis en muñeca y dedo pulgar causada por el uso excesivo del servicio de mensajería) en referencia al uso excesivo de las tecnologías.

El tecnoestrés es un hecho cada vez más relevante. Existe un porcentaje elevado de trabajadoras y trabajadores que dicen estar quemados por estar pendientes continuamente del móvil. Andar y mirar al móvil aumenta indudablemente la probabilidad de sufrir un accidente y, entre ellos, el accidente de tráfico. Tenemos colectivos concretos como el de la conducción con trabajos “just in time”, que se ven sometidos a la presión constante del teléfono, al igual que motoristas de la mensajería a la espera de constantes llamadas, etc.

Además numerosas empresas “tiran” más de la cuenta de los móviles particulares de sus plantillas. Las llamadas por parte de las empresas a los teléfonos móviles personales están en crecimiento y ya existen casos de trabajadoras y trabajadores bajo la falsa obligación de mantener siempre el móvil encendido con amenaza de despido. Nos hemos habituado a tener el móvil en la mano y recibir mensajes constantes para los que frecuentemente exigimos una respuesta inmediata, pues nos hemos acostumbrado a lo instantáneo. La entrada de mensajes a cualquier hora nos devuelve inexorablemente a la oficina, diluyendo esta separación entre descanso y trabajo. Estar localizable en todo momento impide la necesaria desconexión entre trabajo y ocio y afecta a la salud laboral y a la conciliación de la vida familiar.

La desconexión digital debe formar parte de nuestras agendas de negociación colectiva por sus implicaciones claras sobre la salud laboral. La revolución digital ha añadido algunas variables al mundo del trabajo y, entre ellas, que una parte importante del trabajo se desempeñe fuera de un lugar físico concreto, lo que requiere que seamos capaces de abordar esa nueva realidad productiva. Nos encontramos con una nueva organización del trabajo que tiene consecuencias sobre la salud laboral y tenemos que poder abordarlo.

Debemos impulsar en los convenios colectivos fórmulas y cláusulas de desconexión digital que vayan mucho más allá de los meros pluses de disponibilidad y que posibiliten una separación del trabajo y el ocio de tal manera que las trabajadoras y trabajadores pueden desconectar del trabajo.

En el ámbito internacional tenemos el ejemplo de Francia, donde ya se ha regulado, si bien es cierto que deja a las empresas las riendas de ese control. En Alemania, la empresa Volkswagen directamente bloquea el acceso al correo en el móvil entre las 18:15 y las 7:00 del día siguiente.

La revolución digital y sus consecuencias sobre el mundo del trabajo nos están generando retos muy diversos a las organizaciones sindicales, y la perspectiva de seguridad y salud laboral debe ser incluida dentro de estos desafíos.

 

17.07.2017
Autor: La desconexión digital debe formar parte de nuestras agendas de negociación colectiva por sus implicaciones claras sobre la salud laboral

El móvil como riesgo emergente y el derecho a la desconexión

Los dispositivos móviles han pasado de ser instrumentos de comunicación a convertirse en pequeñas computadoras que a través de la comunicación en red afectan a la organización del trabajo.

Desde una perspectiva meramente de salud laboral, nos encontramos con riesgos físicos y psíquicos para la salud que requieren un enfoque preventivo, el cual debe abordar la utilización del móvil desde distintas ópticas.

Por un lado, se están detectando nuevos riesgos relacionados con el uso y abuso de las tecnologías. El considerable aumento de la fatiga visual por el uso continuado de la visión cercana hace que se pueda producir entre los adolescentes y jóvenes un aumento exagerado de la miopía. Según el Colegio Nacional de Ópticos-Optometristas (CNOO), se prevé que en el año 2020 el 33% de las y los adolescentes tendrán miopía como consecuencia de la utilización inadecuada de los móviles y tabletas.

También se encuentran los daños en la retina ocasionados por la iluminación led, o las patologías en dedos, muñeca y cuellos que también están comenzando a surgir, por no hablar de la exposición a transmisión de multitud de bacterias.

El clima de trabajo también se ve afectado por el aumento de los timbres, notificaciones y conversaciones, que molestan o impiden la concentración. Los paseos por los pasillos, móvil en mano, manteniendo largas conversaciones son cada vez más cotidianos.

Por otro lado, están surgiendo transformaciones en la organización del trabajo que requieren un enfoque desde la perspectiva de la salud laboral. La asociación del trabajo con una localización particular ya no es la única realidad en el mundo del trabajo, y surgen los trabajos móviles. Ello no tiene que ver con el teletrabajo, sino con el hecho de que se puede realizar el trabajo en cualquier momento o lugar con todo lo que ello conlleva.

Fruto de esta modificación de la organización del trabajo está surgiendo el tecnoestrés, que es uno de los riesgos emergentes más presentes. Estamos asistiendo al aumento de los casos de adicción y dependencia del móvil y se están acuñando nuevos términos como el de nomofobia (o ansiedad y estrés por no tener batería en el móvil) o whatsappitis (tendinitis en muñeca y dedo pulgar causada por el uso excesivo del servicio de mensajería) en referencia al uso excesivo de las tecnologías.

El tecnoestrés es un hecho cada vez más relevante. Existe un porcentaje elevado de trabajadoras y trabajadores que dicen estar quemados por estar pendientes continuamente del móvil. Andar y mirar al móvil aumenta indudablemente la probabilidad de sufrir un accidente y, entre ellos, el accidente de tráfico. Tenemos colectivos concretos como el de la conducción con trabajos “just in time”, que se ven sometidos a la presión constante del teléfono, al igual que motoristas de la mensajería a la espera de constantes llamadas, etc.

Además numerosas empresas “tiran” más de la cuenta de los móviles particulares de sus plantillas. Las llamadas por parte de las empresas a los teléfonos móviles personales están en crecimiento y ya existen casos de trabajadoras y trabajadores bajo la falsa obligación de mantener siempre el móvil encendido con amenaza de despido. Nos hemos habituado a tener el móvil en la mano y recibir mensajes constantes para los que frecuentemente exigimos una respuesta inmediata, pues nos hemos acostumbrado a lo instantáneo. La entrada de mensajes a cualquier hora nos devuelve inexorablemente a la oficina, diluyendo esta separación entre descanso y trabajo. Estar localizable en todo momento impide la necesaria desconexión entre trabajo y ocio y afecta a la salud laboral y a la conciliación de la vida familiar.

La desconexión digital debe formar parte de nuestras agendas de negociación colectiva por sus implicaciones claras sobre la salud laboral. La revolución digital ha añadido algunas variables al mundo del trabajo y, entre ellas, que una parte importante del trabajo se desempeñe fuera de un lugar físico concreto, lo que requiere que seamos capaces de abordar esa nueva realidad productiva. Nos encontramos con una nueva organización del trabajo que tiene consecuencias sobre la salud laboral y tenemos que poder abordarlo.

Debemos impulsar en los convenios colectivos fórmulas y cláusulas de desconexión digital que vayan mucho más allá de los meros pluses de disponibilidad y que posibiliten una separación del trabajo y el ocio de tal manera que las trabajadoras y trabajadores pueden desconectar del trabajo.

En el ámbito internacional tenemos el ejemplo de Francia, donde ya se ha regulado, si bien es cierto que deja a las empresas las riendas de ese control. En Alemania, la empresa Volkswagen directamente bloquea el acceso al correo en el móvil entre las 18:15 y las 7:00 del día siguiente.

La revolución digital y sus consecuencias sobre el mundo del trabajo nos están generando retos muy diversos a las organizaciones sindicales, y la perspectiva de seguridad y salud laboral debe ser incluida dentro de estos desafíos.

 

17.07.2017
Autor: La desconexión digital debe formar parte de nuestras agendas de negociación colectiva por sus implicaciones claras sobre la salud laboral

El móvil como riesgo emergente y el derecho a la desconexión

Los dispositivos móviles han pasado de ser instrumentos de comunicación a convertirse en pequeñas computadoras que a través de la comunicación en red afectan a la organización del trabajo.

Desde una perspectiva meramente de salud laboral, nos encontramos con riesgos físicos y psíquicos para la salud que requieren un enfoque preventivo, el cual debe abordar la utilización del móvil desde distintas ópticas.

Por un lado, se están detectando nuevos riesgos relacionados con el uso y abuso de las tecnologías. El considerable aumento de la fatiga visual por el uso continuado de la visión cercana hace que se pueda producir entre los adolescentes y jóvenes un aumento exagerado de la miopía. Según el Colegio Nacional de Ópticos-Optometristas (CNOO), se prevé que en el año 2020 el 33% de las y los adolescentes tendrán miopía como consecuencia de la utilización inadecuada de los móviles y tabletas.

También se encuentran los daños en la retina ocasionados por la iluminación led, o las patologías en dedos, muñeca y cuellos que también están comenzando a surgir, por no hablar de la exposición a transmisión de multitud de bacterias.

El clima de trabajo también se ve afectado por el aumento de los timbres, notificaciones y conversaciones, que molestan o impiden la concentración. Los paseos por los pasillos, móvil en mano, manteniendo largas conversaciones son cada vez más cotidianos.

Por otro lado, están surgiendo transformaciones en la organización del trabajo que requieren un enfoque desde la perspectiva de la salud laboral. La asociación del trabajo con una localización particular ya no es la única realidad en el mundo del trabajo, y surgen los trabajos móviles. Ello no tiene que ver con el teletrabajo, sino con el hecho de que se puede realizar el trabajo en cualquier momento o lugar con todo lo que ello conlleva.

Fruto de esta modificación de la organización del trabajo está surgiendo el tecnoestrés, que es uno de los riesgos emergentes más presentes. Estamos asistiendo al aumento de los casos de adicción y dependencia del móvil y se están acuñando nuevos términos como el de nomofobia (o ansiedad y estrés por no tener batería en el móvil) o whatsappitis (tendinitis en muñeca y dedo pulgar causada por el uso excesivo del servicio de mensajería) en referencia al uso excesivo de las tecnologías.

El tecnoestrés es un hecho cada vez más relevante. Existe un porcentaje elevado de trabajadoras y trabajadores que dicen estar quemados por estar pendientes continuamente del móvil. Andar y mirar al móvil aumenta indudablemente la probabilidad de sufrir un accidente y, entre ellos, el accidente de tráfico. Tenemos colectivos concretos como el de la conducción con trabajos “just in time”, que se ven sometidos a la presión constante del teléfono, al igual que motoristas de la mensajería a la espera de constantes llamadas, etc.

Además numerosas empresas “tiran” más de la cuenta de los móviles particulares de sus plantillas. Las llamadas por parte de las empresas a los teléfonos móviles personales están en crecimiento y ya existen casos de trabajadoras y trabajadores bajo la falsa obligación de mantener siempre el móvil encendido con amenaza de despido. Nos hemos habituado a tener el móvil en la mano y recibir mensajes constantes para los que frecuentemente exigimos una respuesta inmediata, pues nos hemos acostumbrado a lo instantáneo. La entrada de mensajes a cualquier hora nos devuelve inexorablemente a la oficina, diluyendo esta separación entre descanso y trabajo. Estar localizable en todo momento impide la necesaria desconexión entre trabajo y ocio y afecta a la salud laboral y a la conciliación de la vida familiar.

La desconexión digital debe formar parte de nuestras agendas de negociación colectiva por sus implicaciones claras sobre la salud laboral. La revolución digital ha añadido algunas variables al mundo del trabajo y, entre ellas, que una parte importante del trabajo se desempeñe fuera de un lugar físico concreto, lo que requiere que seamos capaces de abordar esa nueva realidad productiva. Nos encontramos con una nueva organización del trabajo que tiene consecuencias sobre la salud laboral y tenemos que poder abordarlo.

Debemos impulsar en los convenios colectivos fórmulas y cláusulas de desconexión digital que vayan mucho más allá de los meros pluses de disponibilidad y que posibiliten una separación del trabajo y el ocio de tal manera que las trabajadoras y trabajadores pueden desconectar del trabajo.

En el ámbito internacional tenemos el ejemplo de Francia, donde ya se ha regulado, si bien es cierto que deja a las empresas las riendas de ese control. En Alemania, la empresa Volkswagen directamente bloquea el acceso al correo en el móvil entre las 18:15 y las 7:00 del día siguiente.

La revolución digital y sus consecuencias sobre el mundo del trabajo nos están generando retos muy diversos a las organizaciones sindicales, y la perspectiva de seguridad y salud laboral debe ser incluida dentro de estos desafíos.

 

17.07.2017
Autor: La desconexión digital debe formar parte de nuestras agendas de negociación colectiva por sus implicaciones claras sobre la salud laboral

El móvil como riesgo emergente y el derecho a la desconexión

Los dispositivos móviles han pasado de ser instrumentos de comunicación a convertirse en pequeñas computadoras que a través de la comunicación en red afectan a la organización del trabajo.

Desde una perspectiva meramente de salud laboral, nos encontramos con riesgos físicos y psíquicos para la salud que requieren un enfoque preventivo, el cual debe abordar la utilización del móvil desde distintas ópticas.

Por un lado, se están detectando nuevos riesgos relacionados con el uso y abuso de las tecnologías. El considerable aumento de la fatiga visual por el uso continuado de la visión cercana hace que se pueda producir entre los adolescentes y jóvenes un aumento exagerado de la miopía. Según el Colegio Nacional de Ópticos-Optometristas (CNOO), se prevé que en el año 2020 el 33% de las y los adolescentes tendrán miopía como consecuencia de la utilización inadecuada de los móviles y tabletas.

También se encuentran los daños en la retina ocasionados por la iluminación led, o las patologías en dedos, muñeca y cuellos que también están comenzando a surgir, por no hablar de la exposición a transmisión de multitud de bacterias.

El clima de trabajo también se ve afectado por el aumento de los timbres, notificaciones y conversaciones, que molestan o impiden la concentración. Los paseos por los pasillos, móvil en mano, manteniendo largas conversaciones son cada vez más cotidianos.

Por otro lado, están surgiendo transformaciones en la organización del trabajo que requieren un enfoque desde la perspectiva de la salud laboral. La asociación del trabajo con una localización particular ya no es la única realidad en el mundo del trabajo, y surgen los trabajos móviles. Ello no tiene que ver con el teletrabajo, sino con el hecho de que se puede realizar el trabajo en cualquier momento o lugar con todo lo que ello conlleva.

Fruto de esta modificación de la organización del trabajo está surgiendo el tecnoestrés, que es uno de los riesgos emergentes más presentes. Estamos asistiendo al aumento de los casos de adicción y dependencia del móvil y se están acuñando nuevos términos como el de nomofobia (o ansiedad y estrés por no tener batería en el móvil) o whatsappitis (tendinitis en muñeca y dedo pulgar causada por el uso excesivo del servicio de mensajería) en referencia al uso excesivo de las tecnologías.

El tecnoestrés es un hecho cada vez más relevante. Existe un porcentaje elevado de trabajadoras y trabajadores que dicen estar quemados por estar pendientes continuamente del móvil. Andar y mirar al móvil aumenta indudablemente la probabilidad de sufrir un accidente y, entre ellos, el accidente de tráfico. Tenemos colectivos concretos como el de la conducción con trabajos “just in time”, que se ven sometidos a la presión constante del teléfono, al igual que motoristas de la mensajería a la espera de constantes llamadas, etc.

Además numerosas empresas “tiran” más de la cuenta de los móviles particulares de sus plantillas. Las llamadas por parte de las empresas a los teléfonos móviles personales están en crecimiento y ya existen casos de trabajadoras y trabajadores bajo la falsa obligación de mantener siempre el móvil encendido con amenaza de despido. Nos hemos habituado a tener el móvil en la mano y recibir mensajes constantes para los que frecuentemente exigimos una respuesta inmediata, pues nos hemos acostumbrado a lo instantáneo. La entrada de mensajes a cualquier hora nos devuelve inexorablemente a la oficina, diluyendo esta separación entre descanso y trabajo. Estar localizable en todo momento impide la necesaria desconexión entre trabajo y ocio y afecta a la salud laboral y a la conciliación de la vida familiar.

La desconexión digital debe formar parte de nuestras agendas de negociación colectiva por sus implicaciones claras sobre la salud laboral. La revolución digital ha añadido algunas variables al mundo del trabajo y, entre ellas, que una parte importante del trabajo se desempeñe fuera de un lugar físico concreto, lo que requiere que seamos capaces de abordar esa nueva realidad productiva. Nos encontramos con una nueva organización del trabajo que tiene consecuencias sobre la salud laboral y tenemos que poder abordarlo.

Debemos impulsar en los convenios colectivos fórmulas y cláusulas de desconexión digital que vayan mucho más allá de los meros pluses de disponibilidad y que posibiliten una separación del trabajo y el ocio de tal manera que las trabajadoras y trabajadores pueden desconectar del trabajo.

En el ámbito internacional tenemos el ejemplo de Francia, donde ya se ha regulado, si bien es cierto que deja a las empresas las riendas de ese control. En Alemania, la empresa Volkswagen directamente bloquea el acceso al correo en el móvil entre las 18:15 y las 7:00 del día siguiente.

La revolución digital y sus consecuencias sobre el mundo del trabajo nos están generando retos muy diversos a las organizaciones sindicales, y la perspectiva de seguridad y salud laboral debe ser incluida dentro de estos desafíos.

 

17.07.2017
Autor: La desconexión digital debe formar parte de nuestras agendas de negociación colectiva por sus implicaciones claras sobre la salud laboral

El móvil como riesgo emergente y el derecho a la desconexión

Los dispositivos móviles han pasado de ser instrumentos de comunicación a convertirse en pequeñas computadoras que a través de la comunicación en red afectan a la organización del trabajo.

Desde una perspectiva meramente de salud laboral, nos encontramos con riesgos físicos y psíquicos para la salud que requieren un enfoque preventivo, el cual debe abordar la utilización del móvil desde distintas ópticas.

Por un lado, se están detectando nuevos riesgos relacionados con el uso y abuso de las tecnologías. El considerable aumento de la fatiga visual por el uso continuado de la visión cercana hace que se pueda producir entre los adolescentes y jóvenes un aumento exagerado de la miopía. Según el Colegio Nacional de Ópticos-Optometristas (CNOO), se prevé que en el año 2020 el 33% de las y los adolescentes tendrán miopía como consecuencia de la utilización inadecuada de los móviles y tabletas.

También se encuentran los daños en la retina ocasionados por la iluminación led, o las patologías en dedos, muñeca y cuellos que también están comenzando a surgir, por no hablar de la exposición a transmisión de multitud de bacterias.

El clima de trabajo también se ve afectado por el aumento de los timbres, notificaciones y conversaciones, que molestan o impiden la concentración. Los paseos por los pasillos, móvil en mano, manteniendo largas conversaciones son cada vez más cotidianos.

Por otro lado, están surgiendo transformaciones en la organización del trabajo que requieren un enfoque desde la perspectiva de la salud laboral. La asociación del trabajo con una localización particular ya no es la única realidad en el mundo del trabajo, y surgen los trabajos móviles. Ello no tiene que ver con el teletrabajo, sino con el hecho de que se puede realizar el trabajo en cualquier momento o lugar con todo lo que ello conlleva.

Fruto de esta modificación de la organización del trabajo está surgiendo el tecnoestrés, que es uno de los riesgos emergentes más presentes. Estamos asistiendo al aumento de los casos de adicción y dependencia del móvil y se están acuñando nuevos términos como el de nomofobia (o ansiedad y estrés por no tener batería en el móvil) o whatsappitis (tendinitis en muñeca y dedo pulgar causada por el uso excesivo del servicio de mensajería) en referencia al uso excesivo de las tecnologías.

El tecnoestrés es un hecho cada vez más relevante. Existe un porcentaje elevado de trabajadoras y trabajadores que dicen estar quemados por estar pendientes continuamente del móvil. Andar y mirar al móvil aumenta indudablemente la probabilidad de sufrir un accidente y, entre ellos, el accidente de tráfico. Tenemos colectivos concretos como el de la conducción con trabajos “just in time”, que se ven sometidos a la presión constante del teléfono, al igual que motoristas de la mensajería a la espera de constantes llamadas, etc.

Además numerosas empresas “tiran” más de la cuenta de los móviles particulares de sus plantillas. Las llamadas por parte de las empresas a los teléfonos móviles personales están en crecimiento y ya existen casos de trabajadoras y trabajadores bajo la falsa obligación de mantener siempre el móvil encendido con amenaza de despido. Nos hemos habituado a tener el móvil en la mano y recibir mensajes constantes para los que frecuentemente exigimos una respuesta inmediata, pues nos hemos acostumbrado a lo instantáneo. La entrada de mensajes a cualquier hora nos devuelve inexorablemente a la oficina, diluyendo esta separación entre descanso y trabajo. Estar localizable en todo momento impide la necesaria desconexión entre trabajo y ocio y afecta a la salud laboral y a la conciliación de la vida familiar.

La desconexión digital debe formar parte de nuestras agendas de negociación colectiva por sus implicaciones claras sobre la salud laboral. La revolución digital ha añadido algunas variables al mundo del trabajo y, entre ellas, que una parte importante del trabajo se desempeñe fuera de un lugar físico concreto, lo que requiere que seamos capaces de abordar esa nueva realidad productiva. Nos encontramos con una nueva organización del trabajo que tiene consecuencias sobre la salud laboral y tenemos que poder abordarlo.

Debemos impulsar en los convenios colectivos fórmulas y cláusulas de desconexión digital que vayan mucho más allá de los meros pluses de disponibilidad y que posibiliten una separación del trabajo y el ocio de tal manera que las trabajadoras y trabajadores pueden desconectar del trabajo.

En el ámbito internacional tenemos el ejemplo de Francia, donde ya se ha regulado, si bien es cierto que deja a las empresas las riendas de ese control. En Alemania, la empresa Volkswagen directamente bloquea el acceso al correo en el móvil entre las 18:15 y las 7:00 del día siguiente.

La revolución digital y sus consecuencias sobre el mundo del trabajo nos están generando retos muy diversos a las organizaciones sindicales, y la perspectiva de seguridad y salud laboral debe ser incluida dentro de estos desafíos.

 

17.07.2017
Autor: La desconexión digital debe formar parte de nuestras agendas de negociación colectiva por sus implicaciones claras sobre la salud laboral

El móvil como riesgo emergente y el derecho a la desconexión

Los dispositivos móviles han pasado de ser instrumentos de comunicación a convertirse en pequeñas computadoras que a través de la comunicación en red afectan a la organización del trabajo.

Desde una perspectiva meramente de salud laboral, nos encontramos con riesgos físicos y psíquicos para la salud que requieren un enfoque preventivo, el cual debe abordar la utilización del móvil desde distintas ópticas.

Por un lado, se están detectando nuevos riesgos relacionados con el uso y abuso de las tecnologías. El considerable aumento de la fatiga visual por el uso continuado de la visión cercana hace que se pueda producir entre los adolescentes y jóvenes un aumento exagerado de la miopía. Según el Colegio Nacional de Ópticos-Optometristas (CNOO), se prevé que en el año 2020 el 33% de las y los adolescentes tendrán miopía como consecuencia de la utilización inadecuada de los móviles y tabletas.

También se encuentran los daños en la retina ocasionados por la iluminación led, o las patologías en dedos, muñeca y cuellos que también están comenzando a surgir, por no hablar de la exposición a transmisión de multitud de bacterias.

El clima de trabajo también se ve afectado por el aumento de los timbres, notificaciones y conversaciones, que molestan o impiden la concentración. Los paseos por los pasillos, móvil en mano, manteniendo largas conversaciones son cada vez más cotidianos.

Por otro lado, están surgiendo transformaciones en la organización del trabajo que requieren un enfoque desde la perspectiva de la salud laboral. La asociación del trabajo con una localización particular ya no es la única realidad en el mundo del trabajo, y surgen los trabajos móviles. Ello no tiene que ver con el teletrabajo, sino con el hecho de que se puede realizar el trabajo en cualquier momento o lugar con todo lo que ello conlleva.

Fruto de esta modificación de la organización del trabajo está surgiendo el tecnoestrés, que es uno de los riesgos emergentes más presentes. Estamos asistiendo al aumento de los casos de adicción y dependencia del móvil y se están acuñando nuevos términos como el de nomofobia (o ansiedad y estrés por no tener batería en el móvil) o whatsappitis (tendinitis en muñeca y dedo pulgar causada por el uso excesivo del servicio de mensajería) en referencia al uso excesivo de las tecnologías.

El tecnoestrés es un hecho cada vez más relevante. Existe un porcentaje elevado de trabajadoras y trabajadores que dicen estar quemados por estar pendientes continuamente del móvil. Andar y mirar al móvil aumenta indudablemente la probabilidad de sufrir un accidente y, entre ellos, el accidente de tráfico. Tenemos colectivos concretos como el de la conducción con trabajos “just in time”, que se ven sometidos a la presión constante del teléfono, al igual que motoristas de la mensajería a la espera de constantes llamadas, etc.

Además numerosas empresas “tiran” más de la cuenta de los móviles particulares de sus plantillas. Las llamadas por parte de las empresas a los teléfonos móviles personales están en crecimiento y ya existen casos de trabajadoras y trabajadores bajo la falsa obligación de mantener siempre el móvil encendido con amenaza de despido. Nos hemos habituado a tener el móvil en la mano y recibir mensajes constantes para los que frecuentemente exigimos una respuesta inmediata, pues nos hemos acostumbrado a lo instantáneo. La entrada de mensajes a cualquier hora nos devuelve inexorablemente a la oficina, diluyendo esta separación entre descanso y trabajo. Estar localizable en todo momento impide la necesaria desconexión entre trabajo y ocio y afecta a la salud laboral y a la conciliación de la vida familiar.

La desconexión digital debe formar parte de nuestras agendas de negociación colectiva por sus implicaciones claras sobre la salud laboral. La revolución digital ha añadido algunas variables al mundo del trabajo y, entre ellas, que una parte importante del trabajo se desempeñe fuera de un lugar físico concreto, lo que requiere que seamos capaces de abordar esa nueva realidad productiva. Nos encontramos con una nueva organización del trabajo que tiene consecuencias sobre la salud laboral y tenemos que poder abordarlo.

Debemos impulsar en los convenios colectivos fórmulas y cláusulas de desconexión digital que vayan mucho más allá de los meros pluses de disponibilidad y que posibiliten una separación del trabajo y el ocio de tal manera que las trabajadoras y trabajadores pueden desconectar del trabajo.

En el ámbito internacional tenemos el ejemplo de Francia, donde ya se ha regulado, si bien es cierto que deja a las empresas las riendas de ese control. En Alemania, la empresa Volkswagen directamente bloquea el acceso al correo en el móvil entre las 18:15 y las 7:00 del día siguiente.

La revolución digital y sus consecuencias sobre el mundo del trabajo nos están generando retos muy diversos a las organizaciones sindicales, y la perspectiva de seguridad y salud laboral debe ser incluida dentro de estos desafíos.

 

17.07.2017
Autor: La desconexión digital debe formar parte de nuestras agendas de negociación colectiva por sus implicaciones claras sobre la salud laboral

El móvil como riesgo emergente y el derecho a la desconexión

Los dispositivos móviles han pasado de ser instrumentos de comunicación a convertirse en pequeñas computadoras que a través de la comunicación en red afectan a la organización del trabajo.

Desde una perspectiva meramente de salud laboral, nos encontramos con riesgos físicos y psíquicos para la salud que requieren un enfoque preventivo, el cual debe abordar la utilización del móvil desde distintas ópticas.

Por un lado, se están detectando nuevos riesgos relacionados con el uso y abuso de las tecnologías. El considerable aumento de la fatiga visual por el uso continuado de la visión cercana hace que se pueda producir entre los adolescentes y jóvenes un aumento exagerado de la miopía. Según el Colegio Nacional de Ópticos-Optometristas (CNOO), se prevé que en el año 2020 el 33% de las y los adolescentes tendrán miopía como consecuencia de la utilización inadecuada de los móviles y tabletas.

También se encuentran los daños en la retina ocasionados por la iluminación led, o las patologías en dedos, muñeca y cuellos que también están comenzando a surgir, por no hablar de la exposición a transmisión de multitud de bacterias.

El clima de trabajo también se ve afectado por el aumento de los timbres, notificaciones y conversaciones, que molestan o impiden la concentración. Los paseos por los pasillos, móvil en mano, manteniendo largas conversaciones son cada vez más cotidianos.

Por otro lado, están surgiendo transformaciones en la organización del trabajo que requieren un enfoque desde la perspectiva de la salud laboral. La asociación del trabajo con una localización particular ya no es la única realidad en el mundo del trabajo, y surgen los trabajos móviles. Ello no tiene que ver con el teletrabajo, sino con el hecho de que se puede realizar el trabajo en cualquier momento o lugar con todo lo que ello conlleva.

Fruto de esta modificación de la organización del trabajo está surgiendo el tecnoestrés, que es uno de los riesgos emergentes más presentes. Estamos asistiendo al aumento de los casos de adicción y dependencia del móvil y se están acuñando nuevos términos como el de nomofobia (o ansiedad y estrés por no tener batería en el móvil) o whatsappitis (tendinitis en muñeca y dedo pulgar causada por el uso excesivo del servicio de mensajería) en referencia al uso excesivo de las tecnologías.

El tecnoestrés es un hecho cada vez más relevante. Existe un porcentaje elevado de trabajadoras y trabajadores que dicen estar quemados por estar pendientes continuamente del móvil. Andar y mirar al móvil aumenta indudablemente la probabilidad de sufrir un accidente y, entre ellos, el accidente de tráfico. Tenemos colectivos concretos como el de la conducción con trabajos “just in time”, que se ven sometidos a la presión constante del teléfono, al igual que motoristas de la mensajería a la espera de constantes llamadas, etc.

Además numerosas empresas “tiran” más de la cuenta de los móviles particulares de sus plantillas. Las llamadas por parte de las empresas a los teléfonos móviles personales están en crecimiento y ya existen casos de trabajadoras y trabajadores bajo la falsa obligación de mantener siempre el móvil encendido con amenaza de despido. Nos hemos habituado a tener el móvil en la mano y recibir mensajes constantes para los que frecuentemente exigimos una respuesta inmediata, pues nos hemos acostumbrado a lo instantáneo. La entrada de mensajes a cualquier hora nos devuelve inexorablemente a la oficina, diluyendo esta separación entre descanso y trabajo. Estar localizable en todo momento impide la necesaria desconexión entre trabajo y ocio y afecta a la salud laboral y a la conciliación de la vida familiar.

La desconexión digital debe formar parte de nuestras agendas de negociación colectiva por sus implicaciones claras sobre la salud laboral. La revolución digital ha añadido algunas variables al mundo del trabajo y, entre ellas, que una parte importante del trabajo se desempeñe fuera de un lugar físico concreto, lo que requiere que seamos capaces de abordar esa nueva realidad productiva. Nos encontramos con una nueva organización del trabajo que tiene consecuencias sobre la salud laboral y tenemos que poder abordarlo.

Debemos impulsar en los convenios colectivos fórmulas y cláusulas de desconexión digital que vayan mucho más allá de los meros pluses de disponibilidad y que posibiliten una separación del trabajo y el ocio de tal manera que las trabajadoras y trabajadores pueden desconectar del trabajo.

En el ámbito internacional tenemos el ejemplo de Francia, donde ya se ha regulado, si bien es cierto que deja a las empresas las riendas de ese control. En Alemania, la empresa Volkswagen directamente bloquea el acceso al correo en el móvil entre las 18:15 y las 7:00 del día siguiente.

La revolución digital y sus consecuencias sobre el mundo del trabajo nos están generando retos muy diversos a las organizaciones sindicales, y la perspectiva de seguridad y salud laboral debe ser incluida dentro de estos desafíos.

 

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