Homenaje a la maestra: Simone de Beauvoir

    Si algo hemos aprendido con los años es a reconocer y a agradecer a nuestras maestras sus enseñanzas. Una de esas maestras ilustres, rupturista e innovadora que dio lugar a un modo nuevo de ver el mundo fue Simone de Beauvoir. Ella inauguró la conocida como segunda ola del feminismo y “nos regaló una de las formulaciones más revolucionarias de todos los tiempos, hasta el punto de que todo lo que ha venido después casi es una nota a pie de página de su pensamiento” (Martínez-Bascuñán, 2019).

    02/03/2020. Begoña Marugán Pintos, adjunta de la Secretaría de las Mujeres de FSC-CCOO
    Simone de Beauvoir, ilustración de Eva Sanabria

    Simone de Beauvoir, ilustración de Eva Sanabria

    Simone de Beauvoir nació el 9 de enero de 1908 en París. Pronto destacó por su inteligencia y sensibilidad. A los 15 años ya quería ser escritora y comenzó a redactar sus diarios. En la adolescencia se entregó al estudio de una forma infernal, en solitario y de forma independiente, conjugando las letras, las matemáticas y la filosofía. Estudiando finalmente filosofía. Materia de la que será profesora durante muchos años.

    Su obra más conocida por ser seminal para el feminismo posterior fue El segundo sexo (1949). En esta obra Simone de Beauvoir muestra, a través de la mitología, la antropología, el materialismo histórico y el psicoanálisis, como se ha ido construyendo la creencia de la inferioridad natural de la mujer. El segundo sexo es una herramienta básica de acción política porque en él se reivindican para la política temas olvidados como el cuerpo, la biología, los usos amorosos, la iniciación sexual, las implicaciones para la mujer del matrimonio o incluso de la vejez.

    El segundo sexo es una obra calificada a destiempo porque se adelantó a los grandes temas del feminismo del siglo XX. Inauguró una nueva forma de hacer feminismo que iba mucho más allá de la consecución de derechos y trató de buscar una teoría explicativa de una organización social del mundo basada en la subordinación femenina.

    El origen de esta obra está en la formulación que Beauvoir se hizo: ¿qué es una mujer? Una pregunta aparentemente simple a la que su compañero, el filósofo Jean-Paul Sartre, animó a dar respuesta, en la medida que a él nunca se le habría ocurrido plantearse ¿qué es ser hombre?

    Tras un elaborado y voluminoso estudio Simone de Beuvoir pudo llegar a responder: Ser mujer supone ser “lo otro”. El hombre define a la mujer en relación con él. El hombre es el polo positivo y de hecho la palabra “hombre” ha servido para designar a la humanidad entera. “Él es el Sujeto, es el Absoluto: ella es la Alteridad”. Esto explica que el modelo único de referencia sea el masculino y siempre nos tengamos que estar mirando en ellos.

    Este estudio permitió empezar a romper esa alteridad y dejar de ser “lo otro” para crear una definición propia de lo que significa ser mujer. Crear un “nosotras” colectivo y definirnos nosotras sin que nos definan ellos es un paso muy importante. Esa creación del nosotras tiene nombre, se llaman feminismos y en ellos debemos seguir haciendo nuestras las enseñanzas de nuestra maestra: “Que nada nos limite. Que nada nos defina. Que nada nos sujete. Que la libertad sea nuestra propia sustancia”.

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