Feminismo y pandemia

  • TRIBUNA VIOLETA Nº8: CAMBIA LA ESCENA

Hemos estado en el ojo del huracán y a día de hoy nadie debería creer que es posible cerrar el paréntesis y recuperar de forma automática la normalidad que vivíamos antes del 14 de marzo. No es posible y, si se piensa con detenimiento, ni siquiera parece conveniente. Hemos vivido una experiencia traumática y dolorosa frente a la que podemos reaccionar con inteligencia, resiliencia y humildad. O también con torpeza, mezquindad y soberbia. Una crisis sorpresiva pero a la vez anunciada, porque ya se habían lanzado muchos mensajes que hablaban del alto coste que iba a tener el divorcio de la especie humana de su contexto medioambiental, de lo caro que iba a salir el sometimiento a un sistema capitalista feroz para el que solo cuentan los beneficios contables, del peligro que había en un modelo social de relación basado sustancialmente en desigualdades y discriminaciones.

18/06/2020. Mar Vicent García, secretaria de las Mujeres e Igualdad de FSC-CCOO PV
TRIBUNA VIOLETA Nº8: CAMBIA LA ESCENA

TRIBUNA VIOLETA Nº8: CAMBIA LA ESCENA

Por todo ello, y haciendo de la necesidad, oportunidad, habría que trabajar para que la experiencia vivida sirviera para clarificar de una vez por todas nuestras prioridades, exigiéndonos una coherencia integral con todo aquello que ya se formulaba teóricamente antes de verle la cara al COVID 19, pero se obviaba entonces con toda facilidad. Algo que podría suceder también ahora, aunque estamos a tiempo de evitarlo.

Si algo se puede apreciar en positivo de esta crisis, es que se ha gestionado desde la solidaridad y el apoyo mutuo, a pesar de la multitud de errores cometidos y del enfrentamiento permanente con quienes no querían oír hablar de defender a las personas porque anteponen la economía a la salud sin que les tiemble la voz. La acción sindical de clase de un Sindicato como CCOO ha sido clave para marcar una hoja de ruta en la que efectivamente nadie se quedara atrás, actuando desde la colaboración constructiva al señalar las urgencias que no se podían demorar. Y por eso, se ha invertido en la protección de quienes estaban en peor situación, con economías más frágiles, con peores expectativas y menor capacidad de resistencia.

En esa respuesta, que no ha sido fácil, ni exenta de pifias, se ha tenido en cuenta a las mujeres trabajadoras, pero no en la medida necesaria. Porque se ha reconocido su mayoritaria presencia en las ocupaciones y profesiones que se han demostrado imprescindibles para la gestión de la crisis. Tanto las más visibles, en el campo sanitario como las de ocupaciones carentes habitualmente de cualquier reconocimiento social: cajeras, limpiadoras, auxiliares…pero los aplausos no mejoran los salarios, ni eliminan la precariedad y la temporalidad de sus contratos habituales. Eso hay que hacerlo ahora.

Porque durante el confinamiento, han sido las mujeres las que han sobrellevado, con honrosas excepciones, las tareas domésticas a las que han añadido las derivadas del teletrabajo si éste era posible o la atención a las criaturas a falta de su entorno escolar, o a los mayores a su cargo, especialmente necesitados de atención y cuidado. Pero a la hora de establecer las estrategias para superar los daños de la pandemia, los cuidados no están ocupando el papel prioritario que deberían como sector económico pujante, como servicio esencial que son. La reactivación económica que se está planificando con obligada diligencia no puede obviar ni la magnitud de las necesidades detectadas en este terreno, ni la necesidad del compromiso social para atenderlas colectivamente, rompiendo así con inercias peligrosas que siguen esperando que las mujeres se hagan cargo de esta monumental responsabilidad.

Para las mujeres víctimas de violencia machista, confinadas en algunos casos con sus agresores, se han lanzado campañas de apoyo, asignando acertadamente carácter esencial a los servicios que las atienden. Pero quizás esas campañas no han llegado a todos los sitios, ni a todas las personas que precisaban esta información. Quizás las medidas adoptadas estaban mayormente enfocadas en una respuesta asistencial, sin un enfoque de género, de derechos humanos e interseccional. Quizás no se ha podido garantizar suficientemente el acceso a la justicia de las mujeres víctimas de violencia de género a causa de la sobrecarga de los servicios mínimos judiciales a nivel local.

Ahora que se están fijando las líneas maestras para la reactivación de la sociedad, Comisiones Obreras desde la sincera creencia de que la igualdad entre mujeres y hombres es una garantía imprescindible de progreso social, a la vez que un factor de modernidad y desarrollo sostenible, debe trabajar con un análisis de la realidad que no invisibilice a las mujeres, fomentando la inclusión de informes de impactos de género en relación a las medidas adoptadas y, por supuesto, contando con el reconocido talento de las mujeres para salir efectivamente de la crisis, sin dejar a nadie atrás.

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