La paloma y el laurel

    El feminismo defiende una causa con la que, teniendo un mínimo de sentido común, es muy fácil estar de acuerdo: lograr la igualdad de derechos entre hombres y mujeres; sin embargo resulta que hay personas que creen que se trata de una ideología que cree en la supremacía de la mujer, que piensa que es un movimiento nuevo que desprecia a los hombres.

    23/01/2020. Amaya Amilibia Ortiz, secretaria de las Mujeres del Sector de Carretera y Logística de FSC-CCOO

    Y es que no es extraño encontrar afirmaciones como “No soy ni machista ni feminista”. Cierto que el feminismo es un conjunto heterogéneo de movimientos, tanto políticos, como sociales, entre otros, pero que busca la equiparación de sexos.

    No es un movimiento nuevo, ni actual, sino iniciado a finales del siglo XVIII, cuando aparece una toma de conciencia de las mujeres como grupo, a través de la traición de la Revolución Francesa que defendía que “todos los seres humanos nacen libres, iguales y con los mismos derechos” pero, cuando las mujeres tuvieron un papel activo en la lucha revolucionaria y reclamaron su presencia, quedaron excluidas como sujeto de derecho en la “Declaración de Derechos del Hombre y el Ciudadano”.

    El feminismo nace con el deseo de la igualdad de hombres y de mujeres, sin embargo una masa crítica de “gusanos y ciempiés” reprochan que hay ciertos grupos extremos que han creado una imagen de víctimas a causa del sexo opuesto. Hacen tal crítica porque se sienten amenazados a reducir el botín recaudado durante siglos de dominación, y han aprovechado para crear malestar en ambos géneros en donde se mezclan términos como la violencia, o el maltrato, generando así una imagen distorsionada del movimiento feminista, con la clara intención de que parte de la sociedad no se sienta identificada con esta corriente.

    Esta masa crítica es el “sable del coronel”, es la derechita cobarde, la derechota valiente y la derechuza insolente, incapaces de reconocer que la influencia del feminismo ha conseguido cambios en ámbitos como el derecho a la educación, el voto de la mujer, el derecho al trabajo, la igualdad ante la ley o los derechos reproductivos, el derecho al divorcio…para crear una sociedad mejor.

    Esta derecha es el “diente de la serpiente”, a la que les estorba los hombres que se declaran feministas y aplauden a las mujeres que expresan que no lo son. Es una muestra más de que no han entendido nada…o tal vez, de que lo han entendido demasiado bien y comprenden el peligro del reparto.

    Ahora más que nunca necesitamos todas las manos para seguir construyendo esa muralla que abra puertas “a la rosa y el clavel”, porque esa muralla supone el dique de contención de quien quiere robar derechos penosamente conseguidos.

    El movimiento, la corriente, la ideología feminista es algo más que una bandera, que un símbolo, que un cántico o un aleluya, es una forma de sentir, es un modo de vida.

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