Mary Wollstonecraft

    La reivindicación de la libertad de la experiencia ética feminista tuvo dos momentos nominales importantes: un fue protagonizado por Simone de Beauvoir, el otro por Mary Wollstonecraft.

    23/01/2020. Begoña Marugán Pintos, adjunta de la Secretaría de las Mujeres de FSC-CCOO
    Mary Wollstonecraft, ilustración de Eva Sanabria

    Mary Wollstonecraft, ilustración de Eva Sanabria

    Mary Wollstonecraft ha sido considerada por algunas teóricas como la primera feminista. Ella se desmarca de las atribuciones que recaían en su tiempo sobre las mujeres. Por su personalidad y la defensa de la búsqueda de la independencia femenina rompió con el destino que le estaba impuesto a las mujeres de clase media, como ella, y abrió el camino a todas las mujeres. En sus obras reivindicó la individualidad de las mujeres y el derecho a elegir su propio destino.

    Mary Wollstonecraft nació en una familia de clase media de Spitalfields (Inglaterra) el 27 de abril de 1759. Viajó a Irlanda donde trabajó como institutriz y a los 29 años escribió Relatos originales de la vida real, el que sería su primer libro. Al que siguió Reflexiones sobre la educación de las hijas.

    Ante las pocas posibilidades laborales que tenían las mujeres se marchó a Londres y se convirtió en escritora, apoyada por el editor liberal Joseph Jonson. Aprendió francés y alemán para poder realizar traducciones porque las mujeres debían tener autonomía económica, pero esta autonomía era imposible bajo la educación de la época. La educación imponía un modelo de educación dependiente. Las características que se atribuían a las mujeres -coquetería, vanidad, debilidad, etc.- sólo eran el fruto de la educación recibida.

    La propuesta formativa seguida en aquel momento fue la de una educación femenina propia que formulara Rouseau en El Emilio. Texto contra el cual Mary Wollstonecraft redactó su famosa Vindicación de los derechos del hombre en 1790. En su escrito defiende el derecho y la importancia que tiene el que las mujeres puedan ser educadas como los hombres. Sostenía que tanto unos como otras son seres humanos y, por tanto, sujetos a los mismos derechos y responsabilidades. Hombres y mujeres son iguales. Han de tener las mismas reglas morales y las mismas oportunidades. No pretende que las mujeres sean ni más, ni menos que los hombres, sino iguales, de ahí su famosa frase: “No deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre sí mismas”.

    En sus obras se plantea ¿quién soy yo? ¿Qué es la vida para la mujer fuera del matrimonio?, ¿Cuál es mi destino? Preguntas a las que su hija Mary Shelley trata de dar respuesta de forma alegórica en Frankenstein.

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