Sindicalistas y feministas

    Quienes practican el sindicalismo de clase tienen un objetivo esencial que es defender los derechos de la clase trabajadora, la más numerosa, la más explotada y también la más vulnerable.

    13/06/2018. Mar Vicent García, Secretaría de las Mujeres e Igualdad de FSC-CCOO País Valencià

    Todas y cada una de las feministas persiguen la igualdad, compartiendo la radical teoría que defiende que mujeres y hombres somos iguales en derechos y oportunidades.

    Ambas son teorías revolucionarias que pretenden poner patas arriba los cimientos de un sistema que se sustenta en la explotación de la clase trabajadora y en la brutal discriminación de las mujeres que forman parte de ella.

    Por tanto, no debería haber ningún problema en que ambas aspiraciones revolucionarias confluyan con alianzas potentes y sinceras, basadas en el respeto mutuo y el aprecio de los valores compartidos. Aprendiendo de las experiencias, compartiendo espacios de lucha y aprendizaje.

    Pero la teoría y la práctica a veces se desmienten. Y es cierto que a CCOO le cuesta, aunque cada vez menos, ajustar sus prácticas internas y externas a esa formulación teórica. Aunque es también cierto que a la hora de pelear la batalla de los derechos individuales y colectivos de las mujeres nunca ha dado un paso atrás. Por su parte el movimiento feminista, también de larga tradición de lucha, tiene que gestionar sus propios procesos de maduración, con la suficiente confianza en su autonomía y potencia para participar sin complejos en esa red de complicidades desde el respeto mutuo y la independencia absoluta.

    Hay una razón de peso que impide que las mujeres de CCOO se unan al movimiento feminista y es que nunca han salido de él, ya que han participado en su génesis y evolución, codo con codo, con multitud de mujeres diversas que han construido juntas un movimiento renovador, que es hoy garantía de futuro en este país. La realidad es que el movimiento de las mujeres, que no tiene dios, ni rey, ni tribuno sabe que las alianzas son la herramienta imprescindible para lograr el cambio cultural y social al que nunca renunciaremos.

    Ser sindicalista exige el feminismo como seña de identidad. Y ser feminista implica no renunciar nunca a esa alianza de mujeres que permite nuevas posibilidades de vida.

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