Un 8 de Marzo hacia la igualdad real

    Hoy recurrimos a buscar el precedente en Islandia el 24 de octubre de 1975, en lo que se conoció como "el Día Libre de las Mujeres", cuando el 90% de las mujeres salieron a las calles de Reikiavik para manifestarse por la igualdad de género.

    14/02/2018. Begoña Marugán Pintos, adjunta de la Secretaría de las Mujeres de FSC-CCOO
    8 de Marzo de 2018, #VivasLibresUnidas

    8 de Marzo de 2018, #VivasLibresUnidas

    Sin embargo, esta historia se inicia en septiembre de 2015 en Polonia cuando las polacas pararon para impedir que se aprobara una reforma de la ley del aborto que prohibía abortar salvo en el caso de peligro para la vida de las madres. Vestidas de negro, pararon la producción y protagonizaron los conocidos como “lunes negros”, impidiendo con su acción modificar la ley.

    Poco tiempo después, el 19 de octubre en Argentina, ante al asesinato por dos hombres de una niña de 16 años después de ser violada y drogada, el colectivo feminista Ni una menos —creado después del asesinato de otra niña de 14 años— denunció las violencias machistas a través de cintas negras —como color de luto y lucha— y convocaron una huelga de mujeres.

    Las mujeres polacas conocieron esta actuación de las argentinas y se unieron a ellas proponiendo conjuntamente un paro en América Latina, base de lo que sería el Paro Internacional de Mujeres que se realizó el año pasado. En el mismo se pretendía denunciar las violencias machistas, la falta de reconocimiento del trabajo doméstico y de cuidados y la discriminación en el empleo. El anuncio de que asociaciones de mujeres de 48 países lo secundaran era ya de por sí un gran logro. En este mundo global las protestas exigen la misma dimensión. Finalmente el éxito fue mayor del previsto y el 8 de Marzo del año pasado, millones de mujeres de 70 países secundaron una huelga simbólica.

    Con este precedente, en abril de 2017 el movimiento feminista empezó a reunirse los días 8 de cada mes para preparar la huelga real. Se dividieron en comisiones de trabajo y en septiembre hicieron un primer encuentro en Elche, para acabar lanzando la convocatoria en enero en Zaragoza. Entre las comisiones de trabajo figuraba la de extensión que solicitó reunirse con la Confederación de CCOO. En estas reuniones y partiendo del hecho de que CCOO, como sindicato de clase, tiene la lucha por la igualdad como principio fundamental, se decidió constituir un comité de enlace con UGT para apoyar la huelga y fijar 4 horas de paros (de 11:30 a 13:30 y de 16:00 a 18:00 horas) para contribuir a visibilizar las reivindicaciones del movimiento feminista. Además de convocar formalmente y proceder a realizar todas las gestiones legales oportunas para proteger a las personas en el ejercicio de este derecho, se están organizando asambleas, ruedas de prensa, carteles, manifiestos, adhesiones de comités de empresa, juntas de personal y secciones sindicales, y llevando el debate y la necesidad de la huelga a los centros de trabajo.

    Y ¿ahora qué?

    Ha llegado la hora y este es el momento. La rearticulación heteropatriarcal exige un despliegue feminista para que no se maquille más el machismo y sus violencias (tampoco laborales). En un contexto de violencias contra las mujeres, la lucha feminista se despliega con una fuerza inesperada. El tiempo del simulacro ha de acabar y por eso se llama a la Huelga feminista.

    El control de los cuerpos, la discriminación laboral (con la feminización del paro, la precariedad en la contratación y la brecha salarial), la explotación de las mujeres en el trabajo doméstico y de cuidados que llevan siglos realizando sin ser reconocido ni valorado y las violencias contra las mujeres son síntomas que tienen todos el mismo origen: este sistema de dominación hetropatriarcal que pensábamos estábamos destruyendo y que hoy se muestra más fiero que nunca.

    Es la hora de los hechos. Nos están matando y contra la dominación masculina empiezan a levantarse muchas voces de mujeres porque “lo que a ti te ha pasado, a mí también” (#MeToo), porque no se entiende la pasividad ante 1.052 mujeres asesinadas por sus parejas y ex parejas desde 2012 y porque sólo el año pasado 9 menores fueron asesinadxs por sus padres o los “compañeros” de sus madres.

    En la carga global de trabajo es más el trabajo no retribuido que el pagado y del 56% de esta carga global nos hacemos cargo las mujeres. Somos las mujeres las que seguimos cuidando del resto de las personas de la familia. A veces lo hacemos como amas de casa, otras como una doble jornada que se añade a la laboral y en otros casos como empleadas. Limpiamos, cocinamos, lavamos, educamos, curamos y cuidamos, atendemos y formamos, orientamos y consolamos. Cuidamos a lxs menores y también a las personas mayores y lo hacemos ante la enfermedad, pero también cuando tienen salud. El trabajo de cuidados es invisible, pero sería imposible una sociedad sin que existiera.

    ¡Y qué decir del empleo! Además de tener una tasa de población activa 11 puntos inferior a la de los hombres, hay más de dos millones de mujeres en el desempleo junto a algo más de un millón y medio de hombres. El paro tiene rostro de mujer. La brecha salarial es del 24%. De lxs trabajares pobres la mayoría son mujeres y además monoparentales y mayores porque algunas no han cotizado —por considerarles personas inactivas a pesar de pasarse todo la vida trabajando para toda su familia— y otras cobran pensiones bajas porque sus sueldos son bajos. A las situaciones de explotación se añade la violencia en el trabajo, donde el acoso sexual es más frecuente de lo que pensamos e infinitamente mayor de lo que se denuncia.

    El Paro Internacional de Mujeres es el inicio de una revuelta feminista que vuelva a repolitizar un problema que, aunque se quiera, ya no se puede obviar. El construir una sociedad más justa bajo un modelo en igualdad de derechos nos interpela. Es hora de reconocer el valor y el trabajo de las mujeres con una huelga y que se vea que si las mujeres paramos el mundo se para.

     

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