Federación de Servicios a la Ciudadanía de CCOO | 20 octubre 2026.

11 de noviembre, huelga general

Reorientar el debate hacia lo que verdaderamente importa

    Por un futuro para la ciudadanía: salario, vivienda, precios y servicios públicos.

    19/10/2026. Lucho Palazzo Gallo, secretario general de FSC-CCOO
    Lucho Palazzo Gallo, secretario general de FSC-CCOO

    Lucho Palazzo Gallo, secretario general de FSC-CCOO

    El próximo 11 de noviembre tenemos marcada en rojo en el calendario una cita muy importante: la convocatoria de huelga general. 

    ¿Ahora? Sí, ahora. Es el momento. Esta convocatoria ha surgido como herramienta democrática de canalización de la tensión social de la ciudadanía en las calles. El hartazgo colectivo se llevaba larvando tiempo, pero no acababa de emerger. De hecho, en muchos ámbitos se analizaba de forma llamativa la percepción de cierto adormecimiento social aun conviviendo con la dramática situación ante temas tan transversales como la vivienda, el incremento de precios, salarios que no reflejaban esa sensación de crecimiento económico de país en los bolsillos de la gente, o, mejor dicho, en los bolsillos de la clase trabajadora. El momento de confluencia y de reivindicación colectiva ha llegado. 

    El sistema se está escorando claramente en favor de unos pocos y en contra de la gran mayoría de la ciudadanía. Es ahí precisamente cuando la desigualdad o la injusticia comienzan a aparecer como revulsivos conscientes en el imaginario de la ciudadanía; transformando la percepción de la impotencia, ante esas reglas del juego que nos presentan como inalterables, en una fuerza social arrolladora.

    En esta huelga se entrelazan muchos planos sociales: laborales, económicos, de bienestar, de servicios públicos; pero, sobre todo, esta huelga nace de la necesidad de reenfocar el debate, de devolverlo donde verdaderamente importa: a la vida cotidiana de las personas trabajadoras. Frente a esos discursos que buscan dividirnos, polarizarnos, agitar el odio, individualizarnos, sembrar desconfianza sobre las instituciones y alimentar el desencanto social hacia un callejón sin salida, sin propuestas, esta huelga general, a través de la potencia colectiva transformadora y de la solidaridad de clase, busca fijar un marco propositivo para exigir soluciones reales a los problemas reales. 

    Maricarmen, Olga, David, Paquita y una larguísima lista de nombres forman parte de esa realidad de hasta más de 4.000 desahucios ejecutados en todo el país en lo que llevamos de 2026. Un drama social que va contra lo dictado en el artículo 47 de la Constitución y que claramente prioriza el negocio rentista y la especulación de los fondos buitre sobre los derechos fundamentales y el bienestar de la gente, y que se lleva por delante la capacidad de construir un proyecto de vida digno. 

    Al mismo tiempo, el hecho de llegar a final de mes con el incremento generalizado del coste de la vida cada vez es más complejo. La falta del control sobre los precios derivados de la subida del petróleo hace que la inflación continúe incrementando —5% en el pasado mes de septiembre—, la cesta de la compra siga disparada —una subida de los alimentos frescos del 5,8% en el mismo periodo—, el precio de la vivienda sigue en alza con un 12,2% en el segundo trimestre de 2026 o que las grandes empresas y las patronales marcan beneficios récord y se niegan a repartir la riqueza pactando subidas salariales. Mientras todo esto pasa, los salarios aumentan de media un 3%, y así las cuentas no salen. 

    La clase trabajadora está soportando todo el peso de las fallas del sistema, unas brechas que se amplían en proporcionalidad inversa al reparto de la riqueza y que los últimos datos publicados por el Observatorio de Márgenes Empresariales analizados por CCOO refrendan: sectores como el inmobiliario, el financiero y el energético concentran la riqueza y registran márgenes de beneficio históricos (31%, 29% y 25% respectivamente), obteniendo estas ganancias a expensas de las rentas del trabajo. 

    Por otro lado, no sería justo omitir los avances conseguidos en los últimos años a través del diálogo social y la presión sindical. La subida del Salario Mínimo Interprofesional en un 63%, o la estabilidad que ha aportado la reforma laboral, han demostrado que la movilización sirve. CCOO, sus personas delegadas y, en concreto, la Federación de Servicios a la Ciudadanía, han estado presentes en los centros del trabajo del país, acumulando fuerza en sus sectores estratégicos —Administraciones, Transporte, Telecomunicaciones, Postal, Gráficas, Medios de comunicación, Ciclo integral del agua, etc.— y alcanzando acuerdos gracias a la movilización, como el Acuerdo Marco por la mejora del empleo público y el servicio a la ciudadanía, que mejoró el salario, empleo y condiciones de trabajo a más de tres millones de empleadas y empleados públicos.

    Sin embargo, no es suficiente. Hay una brecha social profunda que tiene que ver con aspectos estructurales del sistema: vivienda, precios, la desigualdad en el reparto de la riqueza, que empaña estos avances y asfixia a las familias trabajadoras. La ciudadanía necesita propuestas, posibilismo, futuro. 

    Necesitamos salarios dignos con un reparto justo de los beneficios empresariales. Necesitamos una política de vivienda pública y valiente que frene la especulación. Necesitamos unos servicios públicos de calidad, eficaces, modernos y que se adapten a las necesidades actuales de la ciudadanía. Necesitamos una política pública de cuidados que mire hacia el futuro. Necesitamos una protección social ante situaciones de desempleo o de incapacidad con garantías para las personas trabajadoras. Necesitamos una política de pensiones seria que no se utilice como arma política porque es nuestro derecho ante una vida entera de trabajo. En definitiva, lo que necesitamos son políticas de Estado sostenibles en el tiempo que pongan en el centro los derechos e intereses de la clase trabajadora. Esto es lo que de verdad importa a la gente. 

    Es el momento, el 11 de noviembre salgamos a las calles. Nos toca demostrar la capacidad transformadora de las personas trabajadoras y de la ciudadanía organizada. 

    ¡Vamos a la huelga general!