Federación de Servicios a la Ciudadanía de CCOO | 27 abril 2026.

Artículo 7

"Todo lo que se haga en prevención es siempre insuficiente"

    En el marco del proyecto Artículo 7 y a unos días de la celebración el 28 de abril del Día mundial de la seguridad y la salud en el trabajo, entrevistamos a Pedro Lara Lorente, coordinador de Seguridad, Salud y Formación del Sector Ferroviario de FSC-CCOO, para que explique la labor de las delegadas y delegados de prevención.

    23/04/2026.
    Pedro Lara Lorente, coordinador de Seguridad, Salud y Formación del Sector Ferroviario de FSC-CCOO

    Pedro Lara Lorente, coordinador de Seguridad, Salud y Formación del Sector Ferroviario de FSC-CCOO

    Cuando se detecta un incumplimiento o una situación de riesgo grave, ¿qué pasos soléis seguir? 

    Hay varias posibles vías de actuación en función de las circunstancias. Todo va a depender mucho de la gravedad de los incumplimientos y riesgos detectados, de la urgencia, e incluso del estado de las relaciones laborales en la empresa. Obviamente, ante un riesgo grave e inminente, están las actuaciones de paralización de actividad previstas en el artículo 21 de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales. Muchas veces basta con comunicar a la empresa la voluntad de activarlas para que corrija el riesgo. Pero dada la contundencia de este recurso, también es cierto que obliga a un uso responsable, medido y adecuado del mismo y, sobre todo, como todas las cosas en seguridad y salud laboral, debe ser usado con finalidad autocentrada: por el riesgo en sí mismo y no con otras finalidades.

    Más allá de este tipo de riesgos graves e inminentes, la actividad de las personas delegadas de prevención se orienta en lo diario al continuo contacto con las personas representadas, a una constante acción sindical de visitas y captación de inquietudes y problemáticas, al asesoramiento para traducirlas a incumplimientos definibles con exactitud, a trasladarlas a la empresa en diferentes formas: desde la inicial verbal, hasta formas escritas —cartas, puntos en los comités de seguridad y salud, etc.— que serán las que abran el camino para elevar, cuando proceda, las denuncias correspondientes a la Inspección de Trabajo y Seguridad Social. También tenemos la posibilidad de consultas a entidades oficiales de asesoramiento en materia preventiva, que servirán, llegado el caso, para orientar bien las denuncias con argumentos contundentes y bien armados. 

    ¿Qué dificultades prácticas os encontráis?

    Las dificultades para la actividad preventiva son siempre las mismas: la trabas o la oposición a la adopción de medidas o incluso la negación del problema por parte de las direcciones de las empresas, para quienes las actuaciones preventivas y correctivas son siempre un coste a eludir o minimizar, unos costes que se están menos dispuestos a asumir cuanto más fácilmente reemplazables son las personas. Hay una relación perversa que está ahí, aunque se trate de ocultar de forma vergonzante, entre la cualificación del trabajo y el interés de la empresa por la salvaguarda de la persona, atravesada además por las consideraciones productivas: la oposición a la implantación de medidas preventivas será tanto mayor en la medida en que estas introduzcan algo que pueda ser entendido por la figura empresarial como obstaculización o ralentización de la producción. 

    Y una última reflexión es la extrema importancia de la actividad sindical en materia de seguridad y salud de cara a la población trabajadora. A veces quienes tenemos responsabilidades sindicales, nos queda la sensación de que, en el seno del trabajo de los equipos del sindicato, queda como una materia especializada, algo meramente procedimental, teórico e incluso un poco friki, aislada del conjunto de la acción sindical. Creo que debemos ser muy conscientes de que la prevención de riesgos laborales, de la misma manera que debe insertarse en el conjunto de la actividad productiva de la empresa como parte integral de la misma, debe insertarse también, por nuestra parte, como componente fundamental e integrada en la acción sindical de la empresa, puesto que atañe a las propias condiciones de existencia de la clase trabajadora, a su derecho a la salud e integridad y, en definitiva, a que la obligación de trabajar no vaya en oposición a su derecho a la vida. En este sentido, hay que seguir insistiendo tantas veces como haga falta en que no hay que ponerla nunca al servicio de otros objetivos que no tengan nada que ver con ella: la seguridad y salud debe ser acción sindical autocentrada, puesto que está en el centro mismo de la finalidad del trabajo sindical y no es algo complementario o accesorio. 

    Y si son las personas trabajadoras las que detectan esos riesgos, ¿os trasladan esa información? ¿Les tenéis al día de los logros que vais consiguiendo?

    Las personas trabajadoras son las primeras interesadas en trasladar los riesgos a los que se enfrentan. Otra cosa es hasta qué punto lo hagan, hasta qué punto lo puedan hacer y bajo qué restricciones. No son solo los miedos a las repercusiones laborales de las denuncias o del cuestionamiento de órdenes contrarias a su seguridad; en ocasiones es algo peor todavía: la normalización, la asunción del riesgo, la subvaloración —o incluso su negación— por las propias personas trabajadoras, como parte necesaria del trabajo que se presta, un peaje que hay que asumir.

    Muy a menudo hay miedo a denunciar, pero otras veces hay oposición activa a hacerlo, y la autoexplotación, también en el campo de la seguridad y salud —obligada en principio por las condiciones del mercado laboral, pero luego interiorizada— se superpone a la explotación como una fase superior de la misma: el fatalismo, asumido como impotencia ante el riesgo laboral naturalizado, formaría parte de la dominación simbólica del capitalismo, lo que podríamos llamar, en términos gramscianos, de su hegemonía.

    El trabajo sindical en este aspecto, pasa por tanto por fomentar la toma de conciencia entre las propias personas trabajadoras, mostrarles los riesgos, informando y formando —y a su vez aprendiendo de ellas— y animarlas a comunicar los riesgos e incumplimientos detectados, así como protegerlas cuando lo hacen, o mejor incluso evitando su exposición directa ante la dirección siempre que sea necesario. 

    El trabajo sindical, por último, también es saber comunicar los logros, haciendo que todo el mundo se sienta partícipe de lo conseguido por el sindicato y conozca no solo el logro, sino el camino hacia el mismo, que muchas veces no es un camino de rosas. 

    ¿Cuál consideras que es la principal mejora en seguridad y salud laboral en los últimos años?

    Hay una mejora cuantitativa en los diferentes índices y parámetros, que más allá de los análisis más detallados, sí tiene una lectura positiva de ciclo largo. Pero lo más interesante, a mi juicio, es la extensión de una cultura de prevención que, con sus más y sus menos, y a pesar de lo comentado anteriormente, se ha ido abriendo paso, poco a poco y con todas las dificultades del mundo. 

    El trabajo de sensibilización y, más aún, la creación de una toma de conciencia sobre diferentes aspectos —los agentes tóxicos, cancerígenos, mutágenos, reprotóxicos, los riesgos psicosociales, la salud mental, el riesgo climático: olas de calor y frío, fenómenos meteorológicos adversos, o la importancia de una adecuada vigilancia de la salud, la atención a los colectivos vulnerables, la inclusión de nuevos colectivos, como las personas empleadas domésticas, por ejemplo— supone tal vez, desde mi punto de vista, el avance más importante, porque actúa sobre el campo ideológico y es lo que permite traducir la percepción social del problema en cambio normativo, mejoras legales y, con ellas, la actuación puntual y específica sobre los problemas concretos. 

    ¿Y el principal reto pendiente?

    El principal reto pendiente se podría resumir en una palabra: todo, porque todo lo que se haga en prevención es siempre insuficiente. La debemos entender siempre como un proceso de mejora continua donde no basta con la mejora en unos indicadores. Hay que tender no solo a que el trabajo no solo sea lesivo para las personas en una forma u otra, sino avanzar a ese ideal que lo convertiría en una actividad humanizadora; el trabajo como actividad segura pero además enriquecedora del ser humano, una fuente de salud, en suma.

    Obviamente, en el camino de la prevención siempre faltan medios y muchas veces falta la voluntad de conseguirlos por quien tiene la obligación y la capacidad para ello, por lo dicho sobre su concepción como coste por la parte empresarial. La prevención es asumida muchas veces por esta parte como un engorroso requisito legal con el que se ha de cumplir para no incurrir en sanción, pero poco más, y, en consecuencia, se va a mínimos. 

    En cuanto a retos concretos, como campos prioritarios de actuación está el tema de las enfermedades de origen laboral de todo tipo —físicas y psíquicas, y aprovecho para mencionar las musculoesqueléticas, que no he mencionado antes— sobre las que hay una fortísima negativa al reconocimiento por parte de empresas y mutuas, tratando de imputarles a poco que puedan un origen común, extralaboral. Se está haciendo un trabajo muy duro, muy de picar piedra, desde la parte sindical, pero las resistencias son descomunales, por dos razones: una primera, más inmediata por la asunción de costes, pero una segunda, porque ese reconocimiento pone al descubierto todas las inmensas fallas de un productivismo deshumanizado, las fallas sistémicas de nuestros modelos productivos y de nuestro sistema económico por extensión.

    Como manía personal, y desde mi experiencia profesional más inmediata en el complejo mundo ferroviario, añadiría más puntualmente, el reto de conseguir una auténtica y eficaz coordinación de actividades, tanto más necesaria cuanto más complejas son las redes empresariales que participan y constituyen las diferentes actividades. Esta reticularización permite a cada una de las empresas participantes eludir su responsabilidad diluyéndola en un entramado difuso de responsabilidades donde al final nadie acaba asumiendo nada. La clarificación de las responsabilidades es quizás, a mi juicio, otro de los grandes retos pendientes. 

    SERVICIOS DE PREVENCIÓN

    ¿Cómo valoras el grado de implicación del servicio de prevención en el diseño, aplicación y seguimiento del plan de prevención de la empresa?

    Evidentemente, forma parte de sus obligaciones como tal, pero volvemos otra vez al tema del estricto cumplimiento de las obligaciones legales, sin ir mucho más allá, que es a lo que suelen dedicarse las empresas. Y no olvidemos que los servicios de prevención, tanto propios como ajenos, más allá de la voluntad de sus propios integrantes y de su misión de asesoramiento a todas las partes, tienen una relación de dependencia o de subordinación con la dirección de las empresas y con el objetivo central de las mismas: la producción, en sentido amplio, y su traducción a beneficios. 

    Se puede decir que las propias personas que componen el servicio de prevención, que debieran ser independientes y de hecho nos consta muchas veces que en lo personal sí tienen esa voluntad e intentan resolverla lo mejor posible, se encuentran presas de esa contradicción de verse subordinadas, bien jerárquicamente, bien clientelarmente, a quienes los emplean o a quienes contratan quienes los emplean. 

    De esta forma, nos podemos encontrar con planes limitados en cuanto a objetivos y con situaciones más sutiles en las que los planes quedan muy bien sobre el papel, incluso pueden llegar a ser ambiciosos, pero la voluntad y la oportunidad de cumplimiento son mucho menores. Por desgracia, suele ser demasiado frecuente la realidad de actividades preventivas que se eternizan en los cajones y es otro de los frentes de lucha a los que se enfrentan personas delegadas de prevención y comités.

    ¿Crees que las evaluaciones de riesgos que realiza el servicio de prevención son adecuadas a la realidad de los puestos? ¿Se actualizan cuando cambian las condiciones de trabajo?

    Las hay mejores y las hay peores. Y precisamente uno de los problemas es su inadecuación a lo que deberían detectar y medir, sobre todo cuando se elaboran para cubrir el expediente y desde una formulación estandarizada y no adaptada a las características del puesto, del trabajo realizado y de las características de las personas que lo realizan. Algo que suele ser más frecuente de lo que parece, sobre todo si se realiza desde el desconocimiento profundo de la realidad evaluada. 

    La segunda batalla, tal como muy bien se pregunta, es la actualización de las evaluaciones. Una batalla muy dura, desde el momento en que no todos los cambios son considerados por las empresas —y consiguientemente el servicio de prevención responsable— como relevantes para proceder a una actualización. Se ha de insistir una y otra vez —o proceder a las denuncias pertinentes, llegado el caso— para adecuar y actualizar las evaluaciones ante cambios productivos u organizativos, renovación de personal, introducción de nueva maquinaria, etc.

    En la práctica, ¿cómo se coordinan el servicio de prevención, la empresa y las personas delegadas de prevención para planificar la actividad preventiva y priorizar medidas?

    Muchas veces es un factor dependiente y a la vez un indicador del estado de las relaciones laborales en la empresa. Se puede ir desde el cumplimiento estricto de los deberes de información y participación, en su sentido más restringido, hasta una más amplia voluntad de dar voz y asumir planteamientos de las personas delegadas de prevención y de los comités, evidentemente sin que ello suponga ningún tipo de cogestión en esta parcela —todavía un tabú para la parte empresarial— sino una mayor voluntad de negociación. En el mejor de los casos, al menos en mi experiencia, se suele trabajar a partir de unos borradores elaborados por la empresa, sobre los que se plantean alegaciones, que pueden llegar a ser objeto de una negociación y sometimiento a una aprobación final. Lo mismo pasa con la planificación de la actividad preventiva, pero, como ya he comentado, más allá de la declaración de intenciones que supone esta, la dilación en las fechas indicativas señaladas para resolución de las disconformidades detectadas, ya es otro cantar.

    Si el servicio de prevención es ajeno, ¿qué puntos fuertes y débiles veis en su actuación? 

    En positivo, la disponibilidad de medios y, en muchos casos, la capacitación de sus técnicos para determinadas mediciones y evaluaciones muy especializadas, sobre todo en el campo de la higiene industrial o la ergonomía y psicosociología. En negativo, la limitación al estricto cumplimiento de las obligaciones contratadas, que suelen coincidir con los mínimos requeridos legalmente, el empleo de procedimientos estandarizados, generales y poco ajustados a la realidad laboral analizada; algo que sí aporta el servicio de prevención propio, faltando en el ajeno muchas veces la capacidad de detalle, de concreción que permita un conocimiento certero del riesgo, del estado de la salud —y lo más importante, sus causas— y de las personas que son evaluadas. En términos coloquiales, el gran riesgo con los servicios de prevención son que se limiten a “cubrir el expediente”, en su caso por su dependencia jerárquica o funcional de la dirección de la empresa, en el otro por su relación clientelar. Pero en general, este riesgo es más alto donde la relación es meramente contractual.