CCOO y UGT han convocado una manifestación el jueves, 14 de diciembre, a las 12.00 horas en Madrid, a la que asistirán miles de delegadas y delegados para instar al Gobierno a que reaccione y negocie condiciones laborales justas y recuperación para las trabajadoras y trabajadores del sector público.

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La mayoría de los trabajadores y de las trabajadoras de la rotativa de Prisa han votado a favor del pacto alcanzado entre los delegados y la empresa, que supone el fin del periodo de consultas del ERE extintivo.

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Esperamos que no se repitan las agresiones a los trabajadores de los medios de comunicación de uno y otro signo que se produjeron en Cataluña durante los días de la declaración unilateral de Independencia y la aplicación de 155.

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#AhoraCorreoPúblico

Ante el recorte de financiación, el bloqueo del Plan Estratégico de Correos por parte del Gobierno y el deterioro de las condiciones laborales, CCOO ha alertado de la situación de riesgo de la mayor empresa pública del país y transmite al Parlamento el inminente inicio de movilización entre finales y principios de año.

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La apertura parcial de dos nuevos centros penitenciarios, Ceuta y Archidona, dentro del Plan de Amortización de centros, ha agravado notablemente la situación de falta de personal que padecen endémicamente las prisiones españolas. Desde el inicio de la crisis hay numerosas infraestructuras finalizadas y/o en construcción, sin dotación suficiente de personal para ellas.

Con esta manifestación, convocada por CCOO y UGT, han reivindicado más empleo público, recuperar sus derechos laborales y un salario justo, de manera que se garantice un mejor servicio público a la ciudadanía.

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El 5 de Diciembre es el día en el que CCOO participa en esta campaña que esta realizando la Coordinadora Trabajando en Positivo.

Más noticias

7 de octubre, Jornada Mundial por el Trabajo Decente

Stop precariedad y siniestralidad

El pasado sábado se celebró la Jornada Mundial por el Trabajo Decente. El trabajo decente es un derecho humano y por lo tanto debe ser reconocido y desarrollado por los poderes públicos. El trabajo decente tiene que ser saludable para las clases trabajadoras y debe servir para cohesionar y redistribuir la riqueza en la sociedad.

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El pasado sábado se celebró la Jornada Mundial por el Trabajo Decente. El trabajo decente es un derecho humano y por lo tanto debe ser reconocido y desarrollado por los poderes públicos. El trabajo decente tiene que ser saludable para las clases trabajadoras y debe servir para cohesionar y redistribuir la riqueza en la sociedad.

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Concentraciones del día 24 de noviembre de 2017 #AhoraLoPúblico

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Repensar el sindicato

#ReclamacionTemporales

#ReclamacionTemporales

Documentos

09.10.2017

Por un trabajo decente que garantice la salud laboral de las personas trabajadoras

El derecho al trabajo decente viene recogido en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (Naciones Unidas, 1976). Este derecho al trabajo decente recoge entre sus características esenciales el derecho a la seguridad, salud e higiene. En su artículo 7 se reconoce de manera expresa “el derecho de toda persona al goce de condiciones de trabajo equitativas y satisfactorias que le aseguren en especial, la seguridad y la higiene en el trabajo; el derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental”.

Este pacto internacional, junto al Pacto internacional de derechos civiles y políticos y la Declaración Universal de Derechos Humanos, constituyen lo que se ha dado en definir la Carta Internacional de Derechos Humanos.

Con lo cual el derecho al trabajo decente en toda su extensión, incluida la salud laboral, es un derecho humano y es importante que tengamos constancia de ello. Los derechos humanos no se negocian, se reivindican y se exige su cumplimiento.

El nuevo paradigma de relaciones de producción del capitalismo neoliberal está caracterizado por la precarización. Este modelo entra en franca confrontación con el derecho humano al trabajo decente. La llegada de la crisis supuso una ruptura del contrato social, y un desarrollo del modelo neoliberal hegemónico, fruto de una nueva concepción del capitalismo globalizado cuyo objetivo era el aumento exponencial de la plusvalía del capital. Esta implementación del modelo neoliberal, que en nuestro país tiene su mayor hito en la reforma del año 2012 del Estatuto de los Trabajadores, consolida en nuestra economía este modelo de trabajo precario.

Desde una perspectiva de salud laboral, la precariedad se caracteriza por una temporalidad muy acusada y por la vulnerabilidad de las trabajadoras y trabajadores.

Con la actual estructura de contratación, donde según datos oficiales el 25% de los nuevos contratos firmados en 2016 duraron menos de una semana y el 38% menos de un mes, se hace inviable el cumplimiento de la normativa internacional y nacional en salud laboral. Con contratos de tan poca duración es inviable formar al personal trabajador en salud laboral, informarle de los riesgos en el desempeño de su trabajo y cualquier evaluación de riesgos laborales.

La segunda dimensión es la vulnerabilidad, que se sustancia en lo que se ha definido como el miedo a perder el trabajo. La existencia de lo que en términos clásicos se denominó el ejército de desempleados permanente, concepto desarrollado por Marx en “El capital” y que se refiere a la existencia estructural de una población excedentaria como fuerza de trabajo que favorece las necesidades de acumulación del capital, está creando una cultura general de miedo a perder el trabajo. Esto conlleva que sean los propios trabajadores y trabajadoras las que asumen la salud laboral como un elemento accesorio en sus condiciones de trabajo y donde sitúan su seguridad y salud laboral como un riesgo a asumir para no perder el trabajo. A ello hay que añadir le enorme prevalencia de los riesgos psicosociales en las relaciones laborales vulnerables.

Esta nueva categoría de trabajo precario tiene una incidencia directa sobre la siniestralidad laboral. Según los datos del propio Ministerio de Empleo, la siniestralidad laboral aumenta en España desde el año 2012 y, por tanto, la precariedad se convierte en un elemento determinante en el repunte de los accidentes laborales.

El avance de estadísticas de accidentes de trabajo del periodo de enero a julio de 2017, publicado en la web del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, confirma la tendencia de aumento de la siniestralidad.

En este avance de datos se aprecia un incremento del 6% en el número de accidentes con baja respecto al mismo periodo del año anterior. Los accidentes en jornada de trabajo crecen independientemente de su nivel de gravedad, destacando los graves (+8,3%) y los mortales (+6,7%). En cuanto a los accidentes in itinere, aumentan los leves (+5,5%) y los graves (+14,1%), aunque se produce un descenso en los mortales (-21,7%).

El trabajo, su ausencia, naturaleza y condiciones son elementos determinantes para las condiciones sociales, derechos y el estado de salud de la población. El trabajo nunca es neutral en salud: genera enfermedad o general salud.

La manera como nuestra sociedad globalizada organiza el trabajo no contribuye a la creación de una sociedad saludable. Por eso cuando defendemos un trabajo decente y saludable, estamos defendiendo una sociedad donde el reparto de la riqueza genere menos enfermedad y cree cohesión social y no fractura entre clases.

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09.10.2017

Por un trabajo decente que garantice la salud laboral de las personas trabajadoras

El derecho al trabajo decente viene recogido en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (Naciones Unidas, 1976). Este derecho al trabajo decente recoge entre sus características esenciales el derecho a la seguridad, salud e higiene. En su artículo 7 se reconoce de manera expresa “el derecho de toda persona al goce de condiciones de trabajo equitativas y satisfactorias que le aseguren en especial, la seguridad y la higiene en el trabajo; el derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental”.

Este pacto internacional, junto al Pacto internacional de derechos civiles y políticos y la Declaración Universal de Derechos Humanos, constituyen lo que se ha dado en definir la Carta Internacional de Derechos Humanos.

Con lo cual el derecho al trabajo decente en toda su extensión, incluida la salud laboral, es un derecho humano y es importante que tengamos constancia de ello. Los derechos humanos no se negocian, se reivindican y se exige su cumplimiento.

El nuevo paradigma de relaciones de producción del capitalismo neoliberal está caracterizado por la precarización. Este modelo entra en franca confrontación con el derecho humano al trabajo decente. La llegada de la crisis supuso una ruptura del contrato social, y un desarrollo del modelo neoliberal hegemónico, fruto de una nueva concepción del capitalismo globalizado cuyo objetivo era el aumento exponencial de la plusvalía del capital. Esta implementación del modelo neoliberal, que en nuestro país tiene su mayor hito en la reforma del año 2012 del Estatuto de los Trabajadores, consolida en nuestra economía este modelo de trabajo precario.

Desde una perspectiva de salud laboral, la precariedad se caracteriza por una temporalidad muy acusada y por la vulnerabilidad de las trabajadoras y trabajadores.

Con la actual estructura de contratación, donde según datos oficiales el 25% de los nuevos contratos firmados en 2016 duraron menos de una semana y el 38% menos de un mes, se hace inviable el cumplimiento de la normativa internacional y nacional en salud laboral. Con contratos de tan poca duración es inviable formar al personal trabajador en salud laboral, informarle de los riesgos en el desempeño de su trabajo y cualquier evaluación de riesgos laborales.

La segunda dimensión es la vulnerabilidad, que se sustancia en lo que se ha definido como el miedo a perder el trabajo. La existencia de lo que en términos clásicos se denominó el ejército de desempleados permanente, concepto desarrollado por Marx en “El capital” y que se refiere a la existencia estructural de una población excedentaria como fuerza de trabajo que favorece las necesidades de acumulación del capital, está creando una cultura general de miedo a perder el trabajo. Esto conlleva que sean los propios trabajadores y trabajadoras las que asumen la salud laboral como un elemento accesorio en sus condiciones de trabajo y donde sitúan su seguridad y salud laboral como un riesgo a asumir para no perder el trabajo. A ello hay que añadir le enorme prevalencia de los riesgos psicosociales en las relaciones laborales vulnerables.

Esta nueva categoría de trabajo precario tiene una incidencia directa sobre la siniestralidad laboral. Según los datos del propio Ministerio de Empleo, la siniestralidad laboral aumenta en España desde el año 2012 y, por tanto, la precariedad se convierte en un elemento determinante en el repunte de los accidentes laborales.

El avance de estadísticas de accidentes de trabajo del periodo de enero a julio de 2017, publicado en la web del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, confirma la tendencia de aumento de la siniestralidad.

En este avance de datos se aprecia un incremento del 6% en el número de accidentes con baja respecto al mismo periodo del año anterior. Los accidentes en jornada de trabajo crecen independientemente de su nivel de gravedad, destacando los graves (+8,3%) y los mortales (+6,7%). En cuanto a los accidentes in itinere, aumentan los leves (+5,5%) y los graves (+14,1%), aunque se produce un descenso en los mortales (-21,7%).

El trabajo, su ausencia, naturaleza y condiciones son elementos determinantes para las condiciones sociales, derechos y el estado de salud de la población. El trabajo nunca es neutral en salud: genera enfermedad o general salud.

La manera como nuestra sociedad globalizada organiza el trabajo no contribuye a la creación de una sociedad saludable. Por eso cuando defendemos un trabajo decente y saludable, estamos defendiendo una sociedad donde el reparto de la riqueza genere menos enfermedad y cree cohesión social y no fractura entre clases.

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09.10.2017

Por un trabajo decente que garantice la salud laboral de las personas trabajadoras

El derecho al trabajo decente viene recogido en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (Naciones Unidas, 1976). Este derecho al trabajo decente recoge entre sus características esenciales el derecho a la seguridad, salud e higiene. En su artículo 7 se reconoce de manera expresa “el derecho de toda persona al goce de condiciones de trabajo equitativas y satisfactorias que le aseguren en especial, la seguridad y la higiene en el trabajo; el derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental”.

Este pacto internacional, junto al Pacto internacional de derechos civiles y políticos y la Declaración Universal de Derechos Humanos, constituyen lo que se ha dado en definir la Carta Internacional de Derechos Humanos.

Con lo cual el derecho al trabajo decente en toda su extensión, incluida la salud laboral, es un derecho humano y es importante que tengamos constancia de ello. Los derechos humanos no se negocian, se reivindican y se exige su cumplimiento.

El nuevo paradigma de relaciones de producción del capitalismo neoliberal está caracterizado por la precarización. Este modelo entra en franca confrontación con el derecho humano al trabajo decente. La llegada de la crisis supuso una ruptura del contrato social, y un desarrollo del modelo neoliberal hegemónico, fruto de una nueva concepción del capitalismo globalizado cuyo objetivo era el aumento exponencial de la plusvalía del capital. Esta implementación del modelo neoliberal, que en nuestro país tiene su mayor hito en la reforma del año 2012 del Estatuto de los Trabajadores, consolida en nuestra economía este modelo de trabajo precario.

Desde una perspectiva de salud laboral, la precariedad se caracteriza por una temporalidad muy acusada y por la vulnerabilidad de las trabajadoras y trabajadores.

Con la actual estructura de contratación, donde según datos oficiales el 25% de los nuevos contratos firmados en 2016 duraron menos de una semana y el 38% menos de un mes, se hace inviable el cumplimiento de la normativa internacional y nacional en salud laboral. Con contratos de tan poca duración es inviable formar al personal trabajador en salud laboral, informarle de los riesgos en el desempeño de su trabajo y cualquier evaluación de riesgos laborales.

La segunda dimensión es la vulnerabilidad, que se sustancia en lo que se ha definido como el miedo a perder el trabajo. La existencia de lo que en términos clásicos se denominó el ejército de desempleados permanente, concepto desarrollado por Marx en “El capital” y que se refiere a la existencia estructural de una población excedentaria como fuerza de trabajo que favorece las necesidades de acumulación del capital, está creando una cultura general de miedo a perder el trabajo. Esto conlleva que sean los propios trabajadores y trabajadoras las que asumen la salud laboral como un elemento accesorio en sus condiciones de trabajo y donde sitúan su seguridad y salud laboral como un riesgo a asumir para no perder el trabajo. A ello hay que añadir le enorme prevalencia de los riesgos psicosociales en las relaciones laborales vulnerables.

Esta nueva categoría de trabajo precario tiene una incidencia directa sobre la siniestralidad laboral. Según los datos del propio Ministerio de Empleo, la siniestralidad laboral aumenta en España desde el año 2012 y, por tanto, la precariedad se convierte en un elemento determinante en el repunte de los accidentes laborales.

El avance de estadísticas de accidentes de trabajo del periodo de enero a julio de 2017, publicado en la web del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, confirma la tendencia de aumento de la siniestralidad.

En este avance de datos se aprecia un incremento del 6% en el número de accidentes con baja respecto al mismo periodo del año anterior. Los accidentes en jornada de trabajo crecen independientemente de su nivel de gravedad, destacando los graves (+8,3%) y los mortales (+6,7%). En cuanto a los accidentes in itinere, aumentan los leves (+5,5%) y los graves (+14,1%), aunque se produce un descenso en los mortales (-21,7%).

El trabajo, su ausencia, naturaleza y condiciones son elementos determinantes para las condiciones sociales, derechos y el estado de salud de la población. El trabajo nunca es neutral en salud: genera enfermedad o general salud.

La manera como nuestra sociedad globalizada organiza el trabajo no contribuye a la creación de una sociedad saludable. Por eso cuando defendemos un trabajo decente y saludable, estamos defendiendo una sociedad donde el reparto de la riqueza genere menos enfermedad y cree cohesión social y no fractura entre clases.

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09.10.2017

Por un trabajo decente que garantice la salud laboral de las personas trabajadoras

El derecho al trabajo decente viene recogido en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (Naciones Unidas, 1976). Este derecho al trabajo decente recoge entre sus características esenciales el derecho a la seguridad, salud e higiene. En su artículo 7 se reconoce de manera expresa “el derecho de toda persona al goce de condiciones de trabajo equitativas y satisfactorias que le aseguren en especial, la seguridad y la higiene en el trabajo; el derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental”.

Este pacto internacional, junto al Pacto internacional de derechos civiles y políticos y la Declaración Universal de Derechos Humanos, constituyen lo que se ha dado en definir la Carta Internacional de Derechos Humanos.

Con lo cual el derecho al trabajo decente en toda su extensión, incluida la salud laboral, es un derecho humano y es importante que tengamos constancia de ello. Los derechos humanos no se negocian, se reivindican y se exige su cumplimiento.

El nuevo paradigma de relaciones de producción del capitalismo neoliberal está caracterizado por la precarización. Este modelo entra en franca confrontación con el derecho humano al trabajo decente. La llegada de la crisis supuso una ruptura del contrato social, y un desarrollo del modelo neoliberal hegemónico, fruto de una nueva concepción del capitalismo globalizado cuyo objetivo era el aumento exponencial de la plusvalía del capital. Esta implementación del modelo neoliberal, que en nuestro país tiene su mayor hito en la reforma del año 2012 del Estatuto de los Trabajadores, consolida en nuestra economía este modelo de trabajo precario.

Desde una perspectiva de salud laboral, la precariedad se caracteriza por una temporalidad muy acusada y por la vulnerabilidad de las trabajadoras y trabajadores.

Con la actual estructura de contratación, donde según datos oficiales el 25% de los nuevos contratos firmados en 2016 duraron menos de una semana y el 38% menos de un mes, se hace inviable el cumplimiento de la normativa internacional y nacional en salud laboral. Con contratos de tan poca duración es inviable formar al personal trabajador en salud laboral, informarle de los riesgos en el desempeño de su trabajo y cualquier evaluación de riesgos laborales.

La segunda dimensión es la vulnerabilidad, que se sustancia en lo que se ha definido como el miedo a perder el trabajo. La existencia de lo que en términos clásicos se denominó el ejército de desempleados permanente, concepto desarrollado por Marx en “El capital” y que se refiere a la existencia estructural de una población excedentaria como fuerza de trabajo que favorece las necesidades de acumulación del capital, está creando una cultura general de miedo a perder el trabajo. Esto conlleva que sean los propios trabajadores y trabajadoras las que asumen la salud laboral como un elemento accesorio en sus condiciones de trabajo y donde sitúan su seguridad y salud laboral como un riesgo a asumir para no perder el trabajo. A ello hay que añadir le enorme prevalencia de los riesgos psicosociales en las relaciones laborales vulnerables.

Esta nueva categoría de trabajo precario tiene una incidencia directa sobre la siniestralidad laboral. Según los datos del propio Ministerio de Empleo, la siniestralidad laboral aumenta en España desde el año 2012 y, por tanto, la precariedad se convierte en un elemento determinante en el repunte de los accidentes laborales.

El avance de estadísticas de accidentes de trabajo del periodo de enero a julio de 2017, publicado en la web del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, confirma la tendencia de aumento de la siniestralidad.

En este avance de datos se aprecia un incremento del 6% en el número de accidentes con baja respecto al mismo periodo del año anterior. Los accidentes en jornada de trabajo crecen independientemente de su nivel de gravedad, destacando los graves (+8,3%) y los mortales (+6,7%). En cuanto a los accidentes in itinere, aumentan los leves (+5,5%) y los graves (+14,1%), aunque se produce un descenso en los mortales (-21,7%).

El trabajo, su ausencia, naturaleza y condiciones son elementos determinantes para las condiciones sociales, derechos y el estado de salud de la población. El trabajo nunca es neutral en salud: genera enfermedad o general salud.

La manera como nuestra sociedad globalizada organiza el trabajo no contribuye a la creación de una sociedad saludable. Por eso cuando defendemos un trabajo decente y saludable, estamos defendiendo una sociedad donde el reparto de la riqueza genere menos enfermedad y cree cohesión social y no fractura entre clases.

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09.10.2017

Por un trabajo decente que garantice la salud laboral de las personas trabajadoras

El derecho al trabajo decente viene recogido en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (Naciones Unidas, 1976). Este derecho al trabajo decente recoge entre sus características esenciales el derecho a la seguridad, salud e higiene. En su artículo 7 se reconoce de manera expresa “el derecho de toda persona al goce de condiciones de trabajo equitativas y satisfactorias que le aseguren en especial, la seguridad y la higiene en el trabajo; el derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental”.

Este pacto internacional, junto al Pacto internacional de derechos civiles y políticos y la Declaración Universal de Derechos Humanos, constituyen lo que se ha dado en definir la Carta Internacional de Derechos Humanos.

Con lo cual el derecho al trabajo decente en toda su extensión, incluida la salud laboral, es un derecho humano y es importante que tengamos constancia de ello. Los derechos humanos no se negocian, se reivindican y se exige su cumplimiento.

El nuevo paradigma de relaciones de producción del capitalismo neoliberal está caracterizado por la precarización. Este modelo entra en franca confrontación con el derecho humano al trabajo decente. La llegada de la crisis supuso una ruptura del contrato social, y un desarrollo del modelo neoliberal hegemónico, fruto de una nueva concepción del capitalismo globalizado cuyo objetivo era el aumento exponencial de la plusvalía del capital. Esta implementación del modelo neoliberal, que en nuestro país tiene su mayor hito en la reforma del año 2012 del Estatuto de los Trabajadores, consolida en nuestra economía este modelo de trabajo precario.

Desde una perspectiva de salud laboral, la precariedad se caracteriza por una temporalidad muy acusada y por la vulnerabilidad de las trabajadoras y trabajadores.

Con la actual estructura de contratación, donde según datos oficiales el 25% de los nuevos contratos firmados en 2016 duraron menos de una semana y el 38% menos de un mes, se hace inviable el cumplimiento de la normativa internacional y nacional en salud laboral. Con contratos de tan poca duración es inviable formar al personal trabajador en salud laboral, informarle de los riesgos en el desempeño de su trabajo y cualquier evaluación de riesgos laborales.

La segunda dimensión es la vulnerabilidad, que se sustancia en lo que se ha definido como el miedo a perder el trabajo. La existencia de lo que en términos clásicos se denominó el ejército de desempleados permanente, concepto desarrollado por Marx en “El capital” y que se refiere a la existencia estructural de una población excedentaria como fuerza de trabajo que favorece las necesidades de acumulación del capital, está creando una cultura general de miedo a perder el trabajo. Esto conlleva que sean los propios trabajadores y trabajadoras las que asumen la salud laboral como un elemento accesorio en sus condiciones de trabajo y donde sitúan su seguridad y salud laboral como un riesgo a asumir para no perder el trabajo. A ello hay que añadir le enorme prevalencia de los riesgos psicosociales en las relaciones laborales vulnerables.

Esta nueva categoría de trabajo precario tiene una incidencia directa sobre la siniestralidad laboral. Según los datos del propio Ministerio de Empleo, la siniestralidad laboral aumenta en España desde el año 2012 y, por tanto, la precariedad se convierte en un elemento determinante en el repunte de los accidentes laborales.

El avance de estadísticas de accidentes de trabajo del periodo de enero a julio de 2017, publicado en la web del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, confirma la tendencia de aumento de la siniestralidad.

En este avance de datos se aprecia un incremento del 6% en el número de accidentes con baja respecto al mismo periodo del año anterior. Los accidentes en jornada de trabajo crecen independientemente de su nivel de gravedad, destacando los graves (+8,3%) y los mortales (+6,7%). En cuanto a los accidentes in itinere, aumentan los leves (+5,5%) y los graves (+14,1%), aunque se produce un descenso en los mortales (-21,7%).

El trabajo, su ausencia, naturaleza y condiciones son elementos determinantes para las condiciones sociales, derechos y el estado de salud de la población. El trabajo nunca es neutral en salud: genera enfermedad o general salud.

La manera como nuestra sociedad globalizada organiza el trabajo no contribuye a la creación de una sociedad saludable. Por eso cuando defendemos un trabajo decente y saludable, estamos defendiendo una sociedad donde el reparto de la riqueza genere menos enfermedad y cree cohesión social y no fractura entre clases.

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Por un trabajo decente que garantice la salud laboral de las personas trabajadoras

El derecho al trabajo decente viene recogido en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (Naciones Unidas, 1976). Este derecho al trabajo decente recoge entre sus características esenciales el derecho a la seguridad, salud e higiene. En su artículo 7 se reconoce de manera expresa “el derecho de toda persona al goce de condiciones de trabajo equitativas y satisfactorias que le aseguren en especial, la seguridad y la higiene en el trabajo; el derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental”.

Este pacto internacional, junto al Pacto internacional de derechos civiles y políticos y la Declaración Universal de Derechos Humanos, constituyen lo que se ha dado en definir la Carta Internacional de Derechos Humanos.

Con lo cual el derecho al trabajo decente en toda su extensión, incluida la salud laboral, es un derecho humano y es importante que tengamos constancia de ello. Los derechos humanos no se negocian, se reivindican y se exige su cumplimiento.

El nuevo paradigma de relaciones de producción del capitalismo neoliberal está caracterizado por la precarización. Este modelo entra en franca confrontación con el derecho humano al trabajo decente. La llegada de la crisis supuso una ruptura del contrato social, y un desarrollo del modelo neoliberal hegemónico, fruto de una nueva concepción del capitalismo globalizado cuyo objetivo era el aumento exponencial de la plusvalía del capital. Esta implementación del modelo neoliberal, que en nuestro país tiene su mayor hito en la reforma del año 2012 del Estatuto de los Trabajadores, consolida en nuestra economía este modelo de trabajo precario.

Desde una perspectiva de salud laboral, la precariedad se caracteriza por una temporalidad muy acusada y por la vulnerabilidad de las trabajadoras y trabajadores.

Con la actual estructura de contratación, donde según datos oficiales el 25% de los nuevos contratos firmados en 2016 duraron menos de una semana y el 38% menos de un mes, se hace inviable el cumplimiento de la normativa internacional y nacional en salud laboral. Con contratos de tan poca duración es inviable formar al personal trabajador en salud laboral, informarle de los riesgos en el desempeño de su trabajo y cualquier evaluación de riesgos laborales.

La segunda dimensión es la vulnerabilidad, que se sustancia en lo que se ha definido como el miedo a perder el trabajo. La existencia de lo que en términos clásicos se denominó el ejército de desempleados permanente, concepto desarrollado por Marx en “El capital” y que se refiere a la existencia estructural de una población excedentaria como fuerza de trabajo que favorece las necesidades de acumulación del capital, está creando una cultura general de miedo a perder el trabajo. Esto conlleva que sean los propios trabajadores y trabajadoras las que asumen la salud laboral como un elemento accesorio en sus condiciones de trabajo y donde sitúan su seguridad y salud laboral como un riesgo a asumir para no perder el trabajo. A ello hay que añadir le enorme prevalencia de los riesgos psicosociales en las relaciones laborales vulnerables.

Esta nueva categoría de trabajo precario tiene una incidencia directa sobre la siniestralidad laboral. Según los datos del propio Ministerio de Empleo, la siniestralidad laboral aumenta en España desde el año 2012 y, por tanto, la precariedad se convierte en un elemento determinante en el repunte de los accidentes laborales.

El avance de estadísticas de accidentes de trabajo del periodo de enero a julio de 2017, publicado en la web del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, confirma la tendencia de aumento de la siniestralidad.

En este avance de datos se aprecia un incremento del 6% en el número de accidentes con baja respecto al mismo periodo del año anterior. Los accidentes en jornada de trabajo crecen independientemente de su nivel de gravedad, destacando los graves (+8,3%) y los mortales (+6,7%). En cuanto a los accidentes in itinere, aumentan los leves (+5,5%) y los graves (+14,1%), aunque se produce un descenso en los mortales (-21,7%).

El trabajo, su ausencia, naturaleza y condiciones son elementos determinantes para las condiciones sociales, derechos y el estado de salud de la población. El trabajo nunca es neutral en salud: genera enfermedad o general salud.

La manera como nuestra sociedad globalizada organiza el trabajo no contribuye a la creación de una sociedad saludable. Por eso cuando defendemos un trabajo decente y saludable, estamos defendiendo una sociedad donde el reparto de la riqueza genere menos enfermedad y cree cohesión social y no fractura entre clases.

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Por un trabajo decente que garantice la salud laboral de las personas trabajadoras

El derecho al trabajo decente viene recogido en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (Naciones Unidas, 1976). Este derecho al trabajo decente recoge entre sus características esenciales el derecho a la seguridad, salud e higiene. En su artículo 7 se reconoce de manera expresa “el derecho de toda persona al goce de condiciones de trabajo equitativas y satisfactorias que le aseguren en especial, la seguridad y la higiene en el trabajo; el derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental”.

Este pacto internacional, junto al Pacto internacional de derechos civiles y políticos y la Declaración Universal de Derechos Humanos, constituyen lo que se ha dado en definir la Carta Internacional de Derechos Humanos.

Con lo cual el derecho al trabajo decente en toda su extensión, incluida la salud laboral, es un derecho humano y es importante que tengamos constancia de ello. Los derechos humanos no se negocian, se reivindican y se exige su cumplimiento.

El nuevo paradigma de relaciones de producción del capitalismo neoliberal está caracterizado por la precarización. Este modelo entra en franca confrontación con el derecho humano al trabajo decente. La llegada de la crisis supuso una ruptura del contrato social, y un desarrollo del modelo neoliberal hegemónico, fruto de una nueva concepción del capitalismo globalizado cuyo objetivo era el aumento exponencial de la plusvalía del capital. Esta implementación del modelo neoliberal, que en nuestro país tiene su mayor hito en la reforma del año 2012 del Estatuto de los Trabajadores, consolida en nuestra economía este modelo de trabajo precario.

Desde una perspectiva de salud laboral, la precariedad se caracteriza por una temporalidad muy acusada y por la vulnerabilidad de las trabajadoras y trabajadores.

Con la actual estructura de contratación, donde según datos oficiales el 25% de los nuevos contratos firmados en 2016 duraron menos de una semana y el 38% menos de un mes, se hace inviable el cumplimiento de la normativa internacional y nacional en salud laboral. Con contratos de tan poca duración es inviable formar al personal trabajador en salud laboral, informarle de los riesgos en el desempeño de su trabajo y cualquier evaluación de riesgos laborales.

La segunda dimensión es la vulnerabilidad, que se sustancia en lo que se ha definido como el miedo a perder el trabajo. La existencia de lo que en términos clásicos se denominó el ejército de desempleados permanente, concepto desarrollado por Marx en “El capital” y que se refiere a la existencia estructural de una población excedentaria como fuerza de trabajo que favorece las necesidades de acumulación del capital, está creando una cultura general de miedo a perder el trabajo. Esto conlleva que sean los propios trabajadores y trabajadoras las que asumen la salud laboral como un elemento accesorio en sus condiciones de trabajo y donde sitúan su seguridad y salud laboral como un riesgo a asumir para no perder el trabajo. A ello hay que añadir le enorme prevalencia de los riesgos psicosociales en las relaciones laborales vulnerables.

Esta nueva categoría de trabajo precario tiene una incidencia directa sobre la siniestralidad laboral. Según los datos del propio Ministerio de Empleo, la siniestralidad laboral aumenta en España desde el año 2012 y, por tanto, la precariedad se convierte en un elemento determinante en el repunte de los accidentes laborales.

El avance de estadísticas de accidentes de trabajo del periodo de enero a julio de 2017, publicado en la web del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, confirma la tendencia de aumento de la siniestralidad.

En este avance de datos se aprecia un incremento del 6% en el número de accidentes con baja respecto al mismo periodo del año anterior. Los accidentes en jornada de trabajo crecen independientemente de su nivel de gravedad, destacando los graves (+8,3%) y los mortales (+6,7%). En cuanto a los accidentes in itinere, aumentan los leves (+5,5%) y los graves (+14,1%), aunque se produce un descenso en los mortales (-21,7%).

El trabajo, su ausencia, naturaleza y condiciones son elementos determinantes para las condiciones sociales, derechos y el estado de salud de la población. El trabajo nunca es neutral en salud: genera enfermedad o general salud.

La manera como nuestra sociedad globalizada organiza el trabajo no contribuye a la creación de una sociedad saludable. Por eso cuando defendemos un trabajo decente y saludable, estamos defendiendo una sociedad donde el reparto de la riqueza genere menos enfermedad y cree cohesión social y no fractura entre clases.

Ver documento

09.10.2017

Por un trabajo decente que garantice la salud laboral de las personas trabajadoras

El derecho al trabajo decente viene recogido en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (Naciones Unidas, 1976). Este derecho al trabajo decente recoge entre sus características esenciales el derecho a la seguridad, salud e higiene. En su artículo 7 se reconoce de manera expresa “el derecho de toda persona al goce de condiciones de trabajo equitativas y satisfactorias que le aseguren en especial, la seguridad y la higiene en el trabajo; el derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental”.

Este pacto internacional, junto al Pacto internacional de derechos civiles y políticos y la Declaración Universal de Derechos Humanos, constituyen lo que se ha dado en definir la Carta Internacional de Derechos Humanos.

Con lo cual el derecho al trabajo decente en toda su extensión, incluida la salud laboral, es un derecho humano y es importante que tengamos constancia de ello. Los derechos humanos no se negocian, se reivindican y se exige su cumplimiento.

El nuevo paradigma de relaciones de producción del capitalismo neoliberal está caracterizado por la precarización. Este modelo entra en franca confrontación con el derecho humano al trabajo decente. La llegada de la crisis supuso una ruptura del contrato social, y un desarrollo del modelo neoliberal hegemónico, fruto de una nueva concepción del capitalismo globalizado cuyo objetivo era el aumento exponencial de la plusvalía del capital. Esta implementación del modelo neoliberal, que en nuestro país tiene su mayor hito en la reforma del año 2012 del Estatuto de los Trabajadores, consolida en nuestra economía este modelo de trabajo precario.

Desde una perspectiva de salud laboral, la precariedad se caracteriza por una temporalidad muy acusada y por la vulnerabilidad de las trabajadoras y trabajadores.

Con la actual estructura de contratación, donde según datos oficiales el 25% de los nuevos contratos firmados en 2016 duraron menos de una semana y el 38% menos de un mes, se hace inviable el cumplimiento de la normativa internacional y nacional en salud laboral. Con contratos de tan poca duración es inviable formar al personal trabajador en salud laboral, informarle de los riesgos en el desempeño de su trabajo y cualquier evaluación de riesgos laborales.

La segunda dimensión es la vulnerabilidad, que se sustancia en lo que se ha definido como el miedo a perder el trabajo. La existencia de lo que en términos clásicos se denominó el ejército de desempleados permanente, concepto desarrollado por Marx en “El capital” y que se refiere a la existencia estructural de una población excedentaria como fuerza de trabajo que favorece las necesidades de acumulación del capital, está creando una cultura general de miedo a perder el trabajo. Esto conlleva que sean los propios trabajadores y trabajadoras las que asumen la salud laboral como un elemento accesorio en sus condiciones de trabajo y donde sitúan su seguridad y salud laboral como un riesgo a asumir para no perder el trabajo. A ello hay que añadir le enorme prevalencia de los riesgos psicosociales en las relaciones laborales vulnerables.

Esta nueva categoría de trabajo precario tiene una incidencia directa sobre la siniestralidad laboral. Según los datos del propio Ministerio de Empleo, la siniestralidad laboral aumenta en España desde el año 2012 y, por tanto, la precariedad se convierte en un elemento determinante en el repunte de los accidentes laborales.

El avance de estadísticas de accidentes de trabajo del periodo de enero a julio de 2017, publicado en la web del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, confirma la tendencia de aumento de la siniestralidad.

En este avance de datos se aprecia un incremento del 6% en el número de accidentes con baja respecto al mismo periodo del año anterior. Los accidentes en jornada de trabajo crecen independientemente de su nivel de gravedad, destacando los graves (+8,3%) y los mortales (+6,7%). En cuanto a los accidentes in itinere, aumentan los leves (+5,5%) y los graves (+14,1%), aunque se produce un descenso en los mortales (-21,7%).

El trabajo, su ausencia, naturaleza y condiciones son elementos determinantes para las condiciones sociales, derechos y el estado de salud de la población. El trabajo nunca es neutral en salud: genera enfermedad o general salud.

La manera como nuestra sociedad globalizada organiza el trabajo no contribuye a la creación de una sociedad saludable. Por eso cuando defendemos un trabajo decente y saludable, estamos defendiendo una sociedad donde el reparto de la riqueza genere menos enfermedad y cree cohesión social y no fractura entre clases.

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09.10.2017

Por un trabajo decente que garantice la salud laboral de las personas trabajadoras

El derecho al trabajo decente viene recogido en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (Naciones Unidas, 1976). Este derecho al trabajo decente recoge entre sus características esenciales el derecho a la seguridad, salud e higiene. En su artículo 7 se reconoce de manera expresa “el derecho de toda persona al goce de condiciones de trabajo equitativas y satisfactorias que le aseguren en especial, la seguridad y la higiene en el trabajo; el derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental”.

Este pacto internacional, junto al Pacto internacional de derechos civiles y políticos y la Declaración Universal de Derechos Humanos, constituyen lo que se ha dado en definir la Carta Internacional de Derechos Humanos.

Con lo cual el derecho al trabajo decente en toda su extensión, incluida la salud laboral, es un derecho humano y es importante que tengamos constancia de ello. Los derechos humanos no se negocian, se reivindican y se exige su cumplimiento.

El nuevo paradigma de relaciones de producción del capitalismo neoliberal está caracterizado por la precarización. Este modelo entra en franca confrontación con el derecho humano al trabajo decente. La llegada de la crisis supuso una ruptura del contrato social, y un desarrollo del modelo neoliberal hegemónico, fruto de una nueva concepción del capitalismo globalizado cuyo objetivo era el aumento exponencial de la plusvalía del capital. Esta implementación del modelo neoliberal, que en nuestro país tiene su mayor hito en la reforma del año 2012 del Estatuto de los Trabajadores, consolida en nuestra economía este modelo de trabajo precario.

Desde una perspectiva de salud laboral, la precariedad se caracteriza por una temporalidad muy acusada y por la vulnerabilidad de las trabajadoras y trabajadores.

Con la actual estructura de contratación, donde según datos oficiales el 25% de los nuevos contratos firmados en 2016 duraron menos de una semana y el 38% menos de un mes, se hace inviable el cumplimiento de la normativa internacional y nacional en salud laboral. Con contratos de tan poca duración es inviable formar al personal trabajador en salud laboral, informarle de los riesgos en el desempeño de su trabajo y cualquier evaluación de riesgos laborales.

La segunda dimensión es la vulnerabilidad, que se sustancia en lo que se ha definido como el miedo a perder el trabajo. La existencia de lo que en términos clásicos se denominó el ejército de desempleados permanente, concepto desarrollado por Marx en “El capital” y que se refiere a la existencia estructural de una población excedentaria como fuerza de trabajo que favorece las necesidades de acumulación del capital, está creando una cultura general de miedo a perder el trabajo. Esto conlleva que sean los propios trabajadores y trabajadoras las que asumen la salud laboral como un elemento accesorio en sus condiciones de trabajo y donde sitúan su seguridad y salud laboral como un riesgo a asumir para no perder el trabajo. A ello hay que añadir le enorme prevalencia de los riesgos psicosociales en las relaciones laborales vulnerables.

Esta nueva categoría de trabajo precario tiene una incidencia directa sobre la siniestralidad laboral. Según los datos del propio Ministerio de Empleo, la siniestralidad laboral aumenta en España desde el año 2012 y, por tanto, la precariedad se convierte en un elemento determinante en el repunte de los accidentes laborales.

El avance de estadísticas de accidentes de trabajo del periodo de enero a julio de 2017, publicado en la web del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, confirma la tendencia de aumento de la siniestralidad.

En este avance de datos se aprecia un incremento del 6% en el número de accidentes con baja respecto al mismo periodo del año anterior. Los accidentes en jornada de trabajo crecen independientemente de su nivel de gravedad, destacando los graves (+8,3%) y los mortales (+6,7%). En cuanto a los accidentes in itinere, aumentan los leves (+5,5%) y los graves (+14,1%), aunque se produce un descenso en los mortales (-21,7%).

El trabajo, su ausencia, naturaleza y condiciones son elementos determinantes para las condiciones sociales, derechos y el estado de salud de la población. El trabajo nunca es neutral en salud: genera enfermedad o general salud.

La manera como nuestra sociedad globalizada organiza el trabajo no contribuye a la creación de una sociedad saludable. Por eso cuando defendemos un trabajo decente y saludable, estamos defendiendo una sociedad donde el reparto de la riqueza genere menos enfermedad y cree cohesión social y no fractura entre clases.

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09.10.2017

Por un trabajo decente que garantice la salud laboral de las personas trabajadoras

El derecho al trabajo decente viene recogido en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (Naciones Unidas, 1976). Este derecho al trabajo decente recoge entre sus características esenciales el derecho a la seguridad, salud e higiene. En su artículo 7 se reconoce de manera expresa “el derecho de toda persona al goce de condiciones de trabajo equitativas y satisfactorias que le aseguren en especial, la seguridad y la higiene en el trabajo; el derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental”.

Este pacto internacional, junto al Pacto internacional de derechos civiles y políticos y la Declaración Universal de Derechos Humanos, constituyen lo que se ha dado en definir la Carta Internacional de Derechos Humanos.

Con lo cual el derecho al trabajo decente en toda su extensión, incluida la salud laboral, es un derecho humano y es importante que tengamos constancia de ello. Los derechos humanos no se negocian, se reivindican y se exige su cumplimiento.

El nuevo paradigma de relaciones de producción del capitalismo neoliberal está caracterizado por la precarización. Este modelo entra en franca confrontación con el derecho humano al trabajo decente. La llegada de la crisis supuso una ruptura del contrato social, y un desarrollo del modelo neoliberal hegemónico, fruto de una nueva concepción del capitalismo globalizado cuyo objetivo era el aumento exponencial de la plusvalía del capital. Esta implementación del modelo neoliberal, que en nuestro país tiene su mayor hito en la reforma del año 2012 del Estatuto de los Trabajadores, consolida en nuestra economía este modelo de trabajo precario.

Desde una perspectiva de salud laboral, la precariedad se caracteriza por una temporalidad muy acusada y por la vulnerabilidad de las trabajadoras y trabajadores.

Con la actual estructura de contratación, donde según datos oficiales el 25% de los nuevos contratos firmados en 2016 duraron menos de una semana y el 38% menos de un mes, se hace inviable el cumplimiento de la normativa internacional y nacional en salud laboral. Con contratos de tan poca duración es inviable formar al personal trabajador en salud laboral, informarle de los riesgos en el desempeño de su trabajo y cualquier evaluación de riesgos laborales.

La segunda dimensión es la vulnerabilidad, que se sustancia en lo que se ha definido como el miedo a perder el trabajo. La existencia de lo que en términos clásicos se denominó el ejército de desempleados permanente, concepto desarrollado por Marx en “El capital” y que se refiere a la existencia estructural de una población excedentaria como fuerza de trabajo que favorece las necesidades de acumulación del capital, está creando una cultura general de miedo a perder el trabajo. Esto conlleva que sean los propios trabajadores y trabajadoras las que asumen la salud laboral como un elemento accesorio en sus condiciones de trabajo y donde sitúan su seguridad y salud laboral como un riesgo a asumir para no perder el trabajo. A ello hay que añadir le enorme prevalencia de los riesgos psicosociales en las relaciones laborales vulnerables.

Esta nueva categoría de trabajo precario tiene una incidencia directa sobre la siniestralidad laboral. Según los datos del propio Ministerio de Empleo, la siniestralidad laboral aumenta en España desde el año 2012 y, por tanto, la precariedad se convierte en un elemento determinante en el repunte de los accidentes laborales.

El avance de estadísticas de accidentes de trabajo del periodo de enero a julio de 2017, publicado en la web del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, confirma la tendencia de aumento de la siniestralidad.

En este avance de datos se aprecia un incremento del 6% en el número de accidentes con baja respecto al mismo periodo del año anterior. Los accidentes en jornada de trabajo crecen independientemente de su nivel de gravedad, destacando los graves (+8,3%) y los mortales (+6,7%). En cuanto a los accidentes in itinere, aumentan los leves (+5,5%) y los graves (+14,1%), aunque se produce un descenso en los mortales (-21,7%).

El trabajo, su ausencia, naturaleza y condiciones son elementos determinantes para las condiciones sociales, derechos y el estado de salud de la población. El trabajo nunca es neutral en salud: genera enfermedad o general salud.

La manera como nuestra sociedad globalizada organiza el trabajo no contribuye a la creación de una sociedad saludable. Por eso cuando defendemos un trabajo decente y saludable, estamos defendiendo una sociedad donde el reparto de la riqueza genere menos enfermedad y cree cohesión social y no fractura entre clases.

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